Del altiplano al patio de casa: venden llamas y alpacas para tener como mascotas en el sur mendocino

Suena a chiste, a meme o a una de esas publicaciones que uno lee dos veces para asegurarse de que no está soñando… pero no: en el sur mendocino ya se ofrecen llamas y alpacas como mascotas.
Sí, llamas. Sí, alpacas. No peluches, no estampitas. Animales reales, con mirada curiosa, aire de nobleza andina y ese estilo único que parece decir “tranquilo, humano… yo controlo”.
La escena aparece donde aparece casi todo hoy: Facebook Marketplace. Entre muebles usados, bicicletas, herramientas y algún “vendo urgente”, se cuela una publicación que llama la atención como un cartel luminoso en la ruta: “Tené esta preciosa mascota llamas y alpacas en Mendoza”.

Increíble, pero cierto. Y lo más llamativo no es solo la oferta: es el concepto. Porque, de golpe, la llama deja de ser postal del Norte argentino para convertirse en “parte de la familia”.
¿DE DÓNDE SALEN Y POR QUÉ NO SON TAN COMUNES ACÁ?
En provincias del Norte, las llamas y alpacas son casi parte del paisaje: se crían en campos y comunidades rurales, y se aprovechan por su fibra, por su carne y por distintos usos productivos tradicionales.

Pero en Mendoza —y más en el sur— no son animales habituales. Por acá, cuando se habla de “camélidos”, el imaginario se va más hacia parientes silvestres como el guanaco, muy presente en zonas del sur provincial, especialmente en La Payunia, donde manda la estepa y el viento.
Por eso, que aparezcan llamas y alpacas ofrecidas para adopción “hogareña” resulta tan fuera de libreto como fascinante.
MASCOTAS… PERO NO PARA CUALQUIERA
La idea de tener una llama como compañera suena adorable. Y algo de eso hay: quienes las conocen las describen como tranquilas, sociales y dóciles, ideales para entornos rurales.
Incluso, las llamas tienen un “talento extra” que pocos saben: pueden actuar como guardianas de otros animales (como ovejas), porque suelen ser atentas y protectoras dentro del grupo.

Ahora, atención: no es lo mismo que tener un perro o un gato. No son mascotas “de departamento”, ni para un patio chico, ni para alguien que quiere algo exótico sin responsabilidad.
Para que estén bien, necesitan: Espacio (mucho más que un fondito). Compañía: se recomienda que no estén solas (idealmente al menos otra llama/alpaca). Refugio adecuado contra calor/frío y un lugar seguro. Conocimiento básico de cuidado y manejo. Y algo clave: veterinario con experiencia en este tipo de animales.
Bien cuidadas, pueden ser una experiencia increíble: hay lugares donde incluso se las usa en actividades de terapia asistida, porque su temperamento suele ser calmo y tienen una presencia que “baja revoluciones” a cualquiera.
UN AVISO QUE ABRIÓ LA PUERTA A LA CURIOSIDAD
El vendedor Marcelo, desde General Alvear, ofrece estos animales para quien se anime a sumarlos a su grupo familiar.

Y ahí es donde la historia se vuelve todavía más interesante: porque más allá del “qué loco”, aparece una pregunta real que empieza a circular con fuerza en redes: ¿estamos ante una moda, una rareza aislada o el inicio de una tendencia en el sur mendocino?.
Lo cierto es que el aviso ya logró lo más difícil: que todos frenen el scroll. Y cuando eso pasa, algo está cambiando.