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Deporte y dictadura: 220 víctimas y silencios

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Un informe realizado por Gustavo Grabia para Infobae revela el impacto del terrorismo de Estado en el deporte. Historias de desapariciones, represión y resistencia.

El terrorismo de Estado durante la última dictadura argentina también dejó una marca profunda en el deporte. Según distintas investigaciones, al menos 220 deportistas fueron desaparecidos entre 1976 y 1983, en un contexto donde la represión alcanzó todos los ámbitos de la vida social.

El caso más significativo se dio en el rugby, con 152 jóvenes desaparecidos, muchos de ellos vinculados a clubes de La Plata y Rosario. Esa cifra representa casi el 70 por ciento del total de deportistas víctimas. También hubo futbolistas, atletas, tenistas y representantes de múltiples disciplinas alcanzados por la maquinaria represiva.

Entre los nombres más recordados aparece el fondista Miguel Sánchez, secuestrado en 1978, cuya historia dio origen a una carrera que cada año lo homenajea. También el tenista Daniel Schapira, militante universitario, cuya desaparición derivó en la instauración del Día Nacional del Profesor de Tenis en la fecha de su nacimiento.

Historias entre el juego y la represión

El fútbol, por su masividad, ocupó un lugar central durante aquellos años. Fue utilizado como herramienta de propaganda, especialmente durante el Mundial 1978, pero también fue escenario de historias atravesadas por el horror.

Uno de los casos más impactantes es el del arquero Claudio Tamburrini, secuestrado y llevado a un centro clandestino de detención, del que logró escapar tras más de tres meses de cautiverio. Su fuga, una de las pocas registradas, expuso la brutalidad del sistema represivo.

También hubo víctimas directas dentro del fútbol profesional, como Antonio Piovoso y Ernesto Rojas, ambos secuestrados y asesinados en los primeros años de la dictadura.

Las tribunas tampoco estuvieron al margen. En 1976, durante un partido en La Plata, la aparición de una bandera vinculada a Montoneros derivó en una represión que terminó con la muerte de un hincha, en uno de los episodios más graves ocurridos en un estadio en ese período.

Años después, en 1981, otro hecho reflejó la tensión entre control y resistencia: decenas de hinchas de Nueva Chicago fueron detenidos por cantar la marcha peronista en pleno partido. La escena combinó represión y desafío colectivo en un contexto donde cualquier expresión política era perseguida.

El recorrido por estas historias muestra que el deporte no fue ajeno a la violencia estatal. Entre estadios, clubes y competencias, también se escribieron relatos de persecución, pérdida y resistencia que forman parte de la memoria reciente del país.

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