Desaparición de Sofía Herrera: el caso que conmovió a la Argentina y sigue sin respuestas

Hoy se cumplen 17 años desde aquel 28 de septiembre de 2008 en que Sofía Herrera, una nena de tres años y ocho meses, desapareció en el camping John Goodall, cerca de Río Grande, en Tierra del Fuego. Una salida aparentemente ordinaria se transformó en el inicio de una búsqueda que hasta hoy no arrojó certezas.
El día de la desaparición de Sofía Herrera
Sofía estaba con su mamá María Elena Delgado, su papá Fabián Herrera y unos amigos de la familia en el camping nuevo. Allí, con la intención de hacer un asado, el padre salió a juntar ramas para hacer el fuego. Sin embargo, sin que se diera cuenta, su hija lo siguió y nadie más la vio. Nadie escuchó un grito, un pedido de auxilio ni algo que pudiera anticipar que algo malo iba a suceder.
“Entonces le pregunto a Fabián dónde estaba Sofi, me dijo que pensó que había vuelto al auto, pero no. Fuimos desesperados a buscarla por el lugar, gritamos, no teníamos señal para llamar a nadie. Fuimos a la casilla del cuidador que tenía una radio y pedimos por la policía y Defensa Civil”, fue cómo María Elena relató el trágico momento en una nota con La Nación.
“Llamamos a las 12 y aparecieron a las 14. Cualquiera podría haberla agarrado y llevado a la frontera con cualquier documento, estábamos a solo 90 kilómetros del límite con Chile. Se perdió mucho tiempo”, expresó.
El comienzo de la investigación por Sofía Herrera
Luego de comunicarse con las autoridades, la familia y amigos de Sofía acudieron al cuidador del camping para usar su radio y pedir refuerzos policiales y de Defensa Civil. Tras esto, se usaron perros rastreadores, se peinaron alrededores del camping, se inspeccionaron zonas de bosque, acantilados y caminos adyacentes —con la hipótesis de que la menor podría haber caminado o sido transportada fuera del lugar—, pero no se hallaron rastros concluyentes.
Incluso, se tuvo en cuenta la posibilidad de que haya sucedido un accidente (una caída en algún pozo, en el bosque), atropello en la ruta cercana o paso por caminos secundarios, así como el intento de “trasplantes” de órganos.

Además, durante ese lapso, los primeros errores/omisiones que la madre denunció fue no haber cerrado fronteras (el camping estaba a unos 90 km del límite con Chile), no se activaron controles fronterizos rápidamente, y no se difundió con fuerza la imagen de la niña en las primeras horas. También, por ese entonces no se les hacían DNI a los niños menores de ocho años, por lo que era aún más fácil para un posible secuestrador burlar un control policial. Y a su vez, durante el primer mes de investigación comenzaron a surgir “voces alternativas”: videntes que afirmaban saber dónde estaba Sofía, denuncias de cartas extorsivas aparecidas, pistas falsas que desviaban la atención.
Los primeros meses post-desaparición de Sofía Herrera
El 12 de octubre comenzaron las marchas públicas en Río Grande, luego de que las autoridades admitieran públicamente que no había pistas claras sobre el paradero de Sofía. Y tras una semana, la SIDE (Secretaría de Inteligencia) y la INTERPOL se pusieron a disposición de la familia.
Ya para comienzos de 2009, detuvieron a un hombre en Río Gallegos por aportar pistas falsas e intentar entorpecer aún más la investigación. Sin embargo, finalmente se descartó su vinculación. Para el 22 de junio de 2009, el juez Eduardo López, quien estaba a cargo de la causa, se declaró incompetente y remitió las actuaciones al Juzgado Federal de Río Grande.
“Tuvimos un policía por meses viviendo con nosotros, nos decían que la habíamos vendido, que era porque mi marido tenía deudas porque era un jugador compulsivo y en su vida pisó un casino, que no era mi hija, dijeron mil pavadas y no la buscaron como debían buscarla”, expresó la madre, explicando lo que compartieron mientras las autoridades no daban con el paradero de su hija.
Fuente: Radio Mitre