La investigación científica avanza al ritmo de las necesidades del territorio, y un claro ejemplo de ello se encuentra en el INTA Rama Caída, donde un equipo de trabajo viene desarrollando cepas nativas de microorganismos que potencian la producción agrícola local.
Se trata de un proyecto que apunta a una agricultura más sustentable, a través del aislamiento y multiplicación de microorganismos beneficiosos con capacidad bioestimulante —es decir, que estimulan el crecimiento de las plantas— y propiedades para el control biológico de patógenos.

Actualmente, el equipo de INTA cuenta con un banco de 16 cepas adaptadas específicamente a los cultivos y condiciones del sur de Mendoza, fruto de años de investigación aplicada al contexto agroproductivo local.
Esta base de datos biológica es una herramienta estratégica para productores y técnicos que buscan alternativas sostenibles al uso de insumos químicos convencionales.
“La ciencia que investigamos, que escuchamos, que acompañamos, está al servicio del territorio”, remarcan desde el organismo, que trabaja de manera articulada con productores, empresas y comunidades rurales, generando soluciones reales para los desafíos del campo mendocino.

Este trabajo representa un paso clave hacia un modelo de producción más amigable con el ambiente y resiliente frente a los cambios climáticos, incorporando tecnologías que surgen desde el conocimiento local.
Desde su sede en Rama Caída, el INTA ratifica su compromiso de estar presente en cada rincón, construyendo conocimiento con quienes producen y habitan el territorio.







