Desnudando realidades

Son las 10:45 del sábado y el microcentro está desolado. A una semana del Día del Padre el comercio cae un 50% respecto al año anterior. La mirada del burócrata instaló en la sociedad una cuarentena inútil sustentada en el miedo. Hoy pagamos las consecuencias.
Mientras la actividad privada sostiene los costos de la pandemia, el sector estatal parece no haberse enterado. Cerrar un comercio una semana implica perder cinco de facturación. En paralelo el sector estatal pugna por mejorar sus salarios y aumentar la carga impositiva a los que producen y generan empleo. Durante las restricciones los costos siguieron corriendo y acumulándose a costa de endeudarse o utilizar ahorros de años.
La solución sanitaria la pagó el patrimonio del sector privado, que no sólo debió sostenerse sin ingresos, sino que también debió sostener empleados, alquileres, impuestos y pagos de mercadería anteriormente adquirida. La expropiación del derecho de propiedad está prevista en el artículo 17 de la Constitución Nacional, previa indemnización. En Argentina no sólo se violó el derecho de transitar, de trabajar, de ejercer industria lícita, de comerciar (art. 14 CN), sino que se impuso una suerte de expropiación sin indemnización o, lo que es lo mismo, de confiscación del patrimonio privado. No hay más resto.
En ese contexto de actividad comercial prácticamente nula debemos atender pidiendo el DNI, agravando la situación, y soportar mayor presión impositiva e impuesto inflacionario. Una muestra más de que la mirada de los políticos está puesta en el lugar equivocado.
Después de la última restricción de nueve días los casos de contagio no bajaron, porque no se daban en las actividades productivas, sino en las sociales. Se hace imprescindible que los gobernantes dejen de asustar ciudadanos y los eduquen, dejar mirar las consecuencias y atacar las causas.
La destrucción del capital privado que generó el Estado será causa de futuras crisis de inversión, de desempleo, de caída del PBI y del salario real. Resulta imprescindible encarar políticas económicas que muestren un horizonte y medidas concretas que recompongan el capital evaporado con una fuerte indemnización del daño causado.
Es hora que el sector estatal sacrifique sus privilegios de casta y permita a los privados volver a respirar. El Estado fue creado por los ciudadanos para beneficio colectivo, no de sus dirigentes.
La unión del sector privado defendiendo sus derechos resultará crucial para que ello ocurra.

José Abdón Bitar,
presidente de la Cámara Empresaria del Sur