La conmemoración del 12 de octubre volvió a estar en el centro de la discusión por los cambios de denominación entre “Día de la Raza” y “Día del Respeto a la Diversidad Cultural”. Sobre este tema dialogó con Diario San Rafael y FM Vos 94.5 la historiadora Cristina Barile, profesora de la Universidad Nacional de la Patagonia e investigadora radicada en Comodoro Rivadavia.
“No solamente tiene un trasfondo ideológico, también un trasfondo histórico y filosófico acerca de cómo concebir este día especialmente”, detalló. En ese sentido, recordó que la revisión conceptual no comenzó en 2010, cuando un decreto oficializó la denominación de “Día del Respeto a la Diversidad Cultural”, sino mucho antes: “Recordemos que esta revisión conceptual en torno del antiguamente denominado Día de la Raza había comenzado ya con debates en torno de los 500 años de la ocupación territorial por la corona española en América, es decir, que estamos hablando de 1992”.
La especialista señaló que el término “raza” es hoy considerado anacrónico y propio del siglo XIX: “Hace ya mucho tiempo que el concepto raza ha caído en desuso, se lo considera básicamente un concepto propio del siglo XIX. La antropología hoy las concibe como etnias, no como razas”. Y añadió que detrás de esa palabra siempre existió una idea de supremacía: “Cuando todo esto es dejado de lado, entonces podemos decir que lo que hay en realidad, cada vez que se aplica el concepto raza, es la supremacía de un grupo sobre otros”.
Barile analizó el impacto de este concepto en la construcción histórica de nuestro país: “El Estado Nacional Argentino se crea bajo este parámetro de un modelo económico y político de corte liberal. Ese modelo imponía la ocupación territorial, aunque ya éramos independientes de aquellos territorios que no habían sido puestos en productividad. De esto se trató la campaña al desierto, básicamente”.
La historiadora insistió en que no existen razas puras: “¿Quién podríamos decir hoy que es una raza pura? En América prácticamente nadie. Y me atrevo a decir que en el mundo tampoco, porque si hay algo que caracteriza a la humanidad es precisamente esta posibilidad de establecer vínculos, y los vínculos suponen una mezcla, y las mezclas dan por resultado otras, una diversidad cultural. Lo que verdaderamente existe es la diversidad cultural. No existe la pureza de la raza”.
Por eso consideró necesario mantener la denominación actual de la fecha conmemorativa: “Volver a traer la palabra raza es claramente tratar de instalar una idea de dominación sobre otros que se consideran inferiores, y esto es con lo que nosotros tenemos que tratar de no acompañar”. Incluso remarcó que países que suelen mencionarse como exponentes del liberalismo han avanzado en ese sentido: “Precisamente aquellas naciones ultraliberales, por pensar en los Estados Unidos, son muy respetuosos de su diversidad cultural, y no sólo son respetuosos, sino que además han intentado que sus propias comunidades logren el desarrollo y mantengan sus tradiciones”.
Durante la entrevista también habló de su línea de investigación vinculada a la muerte y a los cementerios, plasmada en el libro “Morir no es Poco”, escrito junto a Celeste Castiglione. “En realidad los libros, con la colega Celeste Castiglione, lo que hicimos fue una especie de compilación de todos los escritos más recientes que hay en torno de la muerte y los cementerios. Entendemos nosotros que la muerte es parte de la vida, es decir, no es que está por fuera de la vida, sino que es parte de la vida”, explicó.
Respecto a la evolución histórica de los cementerios, relató que durante los siglos XVIII y XIX en Argentina estos espacios estaban ligados a la religión católica y posteriormente comenzaron a abrirse cementerios para quienes eran considerados “disidentes”. “Con la llegada del Estado Nacional Argentino pasan a ser una dependencia del Estado. Esto tiene un sentido, como todo Estado necesita saber cuál es la población activa y también cuál es la población que le va a faltar para estimar presupuestos, para diseñar políticas, etcétera, y un control del Estado sobre los vivos y sobre los muertos”, señaló.
En la actualidad, Barile indicó que la diversidad migratoria también se manifiesta en la forma de entender y representar la muerte. “Si hay una transformación que se ve inmediatamente en los cementerios de Patagonia, por ejemplo, es la aparición del color. Donde hay mucho color vamos a encontrar migrantes bolivianos, paraguayos, peruanos, de comunidades originarias chilenas, es decir, donde sus tradiciones nada tienen que ver con el occidente europeo. Entonces, esto hace que empecemos a percibir la muerte de otro modo”, describió.
Finalmente, la historiadora se refirió a la práctica de la cremación, que si bien no es nueva, se expandió con fuerza en los últimos años: “Tengo que decir que si bien existe desde hace mucho tiempo, la cremación se ha, digamos, dimensionado aún más con la llegada de la pandemia. Excepto de la pandemia, ahora se ha popularizado un poco más”.







