Día del Periodista en medio de varios desafíos

En nuestro país hoy es el Día del Periodista. Y a 211 años de la aparición de “La Gazeta de Buenos Ayres”, el primer periódico de la etapa independentista nacional y órgano de difusión de las ideas de la Primera Junta de Gobierno, nuestra profesión atraviesa un periodo de crisis y desafíos.
El descreimiento que en los últimos años ha evidenciado la sociedad respecto a la clase dirigente parece haber alcanzado en los últimos años también a los comunicadores. Según sostienen los estudiosos del fenómeno, los –demasiadas veces– interesados mensajes que emiten los medios de comunicación son observados hoy con desconfianza por el público.
Quienes desarrollamos esta actividad nos vemos inmersos en un juego donde las polarizaciones están a la orden del día y donde esas disputas llevan a una enorme dispersión entre los hechos y lo que se cuenta de ellos, de acuerdo a las conveniencias –de todo tipo– que los grupos de poder imponen. El manejo de la información durante los meses de pandemia no ha sido la excepción, más bien ha profundizado el degradante fenómeno.
En ese marco, aquellos que quieren hacer su trabajo respetando los parámetros más profesionales de la labor periodística, muchas veces resultan invisibilizados. Y, con ellos, también se vuelve invisible buena parte de la verdad.
Uno de los desafíos que tenemos como medios y trabajadores de la comunicación social es retornar firmemente a la honestidad cuando abordamos la información y ser transparentes para que –en nuestro caso– el lector pueda conocer desde dónde se dice lo que se dice. Un buen comienzo sería separar palmariamente la información de la opinión y no mirar para otro lado cuando la información se empecina en demostrarnos que estamos equivocados en nuestras valoraciones.
Ética, calidad, formación y responsabilidad social son valores inescindibles de nuestra labor. Son la sustancia por la que se puede ejercer una libertad de expresión basada en el respeto a quien nos da sentido como periodistas: el público.
Las presiones son muchas, pero no son excusa para abandonar la pelea. Si asumimos esos desafíos, entonces sí podremos decir que cumplimos efectivamente nuestra tarea.