Día del Trabajador y reforma laboral

Ayer se conmemoró en todo el mundo el Día Internacional del Trabajador, en homenaje a los llamados Mártires de Chicago (EE.UU.), grupo de sindicalistas anarquistas que fueron ejecutados en 1886.
Por aquellos días, un impresionante movimiento obrero levantó su voz contra el statu quo impuesto por el capitalismo y comenzó a luchar firmemente por sus derechos (limitación de horas de trabajo, días de descanso, etc.). Sin demasiadas respuestas por parte de los empleadores ni del Estado, los trabajadores se lanzaron a la huelga y a las protestas, proceso que terminó con varios de ellos muertos por la represión y otros condenados a prisión por sus pedidos. Sin embargo, la pena no fue en vano ya que esos hechos fueron el puntapié inicial de muchas conquistas laborales para el futuro. Tres años después, el Congreso Internacional Socialista, reunido en París, determinó que el 1º de mayo fuera reconocido como el día en el que los trabajadores conmemoran su jornada y sus prerrogativas.
La fecha debería servir, además, para reflexionar acerca de la complicada actualidad que atraviesa la clase trabajadora nacional, con índices de desocupación que preocupan, con salarios que pocas veces resultan suficientes para subsistir dignamente y con una evidente crisis dentro de la clase dirigente gremial.
En los albores de una nueva discusión legislativa que muy probablemente determine cambios en las condiciones y relaciones entre patronal y empleados (la llamada “reforma laboral” que se tratará en el Congreso Nacional cuando el Mundial de Rusia esté en marcha), el proceso y la normativa que de él surja debería tener en cuenta los derechos adquiridos –no con pocos esfuerzos- por la clase trabajadora a lo largo de nuestra historia como país.
Caso contrario, el declamado progreso económico –eso se plantea desde el oficialismo para impulsar la reforma – estará asentado en el perjuicio del habitualmente sacrificado pueblo trabajador, ese que le pone el cuerpo a las decisiones gubernamentales y que, demasiadas veces, constituye la variable de ajuste ante las crisis.

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