El 10 de junio fue el Día Nacional de la Seguridad Vial. La fecha sirve para trabajar en la búsqueda de un tránsito seguro, respetuoso. Al respecto dialogó con FM Vos (94.5) y con Diario San Rafael, Horacio Botta Bernaus, abogado especializado en Derecho de tránsito, seguridad y educación vial.
El 10 de junio de 1945 las calles de Argentina se dieron vuelta. En aquel entonces, cambiar la mano significó invertir el sentido de circulación para que el tránsito se adaptara a los nuevos vehículos que, en su mayoría, se importaban de Estados Unidos y tenían el volante a la izquierda.
Botta Bernaus se refirió a las diversas campañas que se han desarrollado en el tiempo, y a la manera que el argentino tiene de manejar en general.
“Yo siempre digo a los alumnos, a los que participan de las capacitaciones, que después de la pandemia tendríamos que haber aprendido muchas cosas, tener una visión de imitación, porque la pandemia del covid revolucionó el mundo y dentro de esa revolución nos mostró caminos diferentes a los que veníamos haciendo en seguridad vial. El covid fue algo tan fuerte, que no sólo llevó medidas extraordinarias, de sólo pensar, en gran parte del mundo el Estado se hizo cargo de parte de los salarios de las empresas privadas, como para decir aquellas medidas que no imaginábamos, o que se paralizaran los países y se dijera ‘tienen que quedarse en sus casas’”, dijo y el recuerdo tiene que ver con que incluso hubo propagandas que enseñaban a lavar las manos, pero sin amenazar con multas o con quitar un vehículo. Es que quizás lo que hace falta, es tener una mejor educación para luchar contra lo que es “una pandemia que venimos sosteniendo desde hace 15 o 20 años en el mundo”. Es que evidentemente, multas más caras no van a enseñar a manejar.
“Hoy hay una persecución diciendo que ‘las motos son las grandes culpables de los accidentes’, y después podemos entrar a que tenemos que encontrar la velocidad, que tenemos que bajar de 40 a 30, que tenemos que evitar el alcohol en la conducción (dejamos de lado las otras drogas), y nos concentramos en pelear en dos o tres causales, y el gran problema para mí (y lo digo todos los días), es el gran desconocimiento que hay de las cuestiones de riesgo”, aclaró.
El gran objetivo de los grandes programas viales es “salvar vidas”, pero “técnicamente el objetivo de un programa, es disminuir los riesgos que terminan generando los siniestros viales que producen las víctimas”. “Por ejemplo, tenemos problemas en los ingresos y egresos de las escuelas y pedimos que vayan uno, dos o tres inspectores de tránsito a resolverlos, pero no estamos pensando que desde la propia organización de la escuela podemos bajar los riesgos. Me ha tocado trabajar en un programa que hacemos desde hace mucho, que se llama ‘Escuela segura’ y que tiene que ver con mejorar el entorno de una escuela, para que la seguridad vial adquiera una mejor proporción de los usuarios de tránsito”, resaltó. Si en vez de salir 300 niños por la misma puerta a la misma hora de la escuela, salieran por varias puertas y separando horarios, habría menos vehículos entorpeciendo la circulación y produciendo riesgos.
El profesional aseguró que de nada sirve perseguir con la amenaza, sino que hay que generar conciencia y tomar medidas que realmente bajen los riesgos.







