Diputados aprobó la reforma de Glaciares

Con 137 votos a favor y 111 en contra, la Cámara de Diputados aprobó la reforma de la Ley de Glaciares en una sesión que resultó más favorable para el oficialismo de lo que se anticipaba. Con 129 legisladores presentes, se alcanzó el quórum gracias al respaldo de bloques aliados como PRO, UCR y fuerzas provinciales.
El clima en el recinto fue menos tenso que el esperado. Incluso, varios oradores del oficialismo desistieron de sus intervenciones al considerar que los números ya estaban asegurados. “Están los votos, que se queden con los discursos”, resumió un diputado libertario durante el debate.
La votación se adelantó respecto de lo previsto y terminó de consolidarse pasada la una de la madrugada, tras una jornada extensa pero sin mayores sobresaltos para el oficialismo. La presencia de Karina Milei en el palco, cerca del cierre del debate, fue interpretada como una señal de confianza en el resultado.
Debate con críticas y fuerte rechazo opositor
Antes del tratamiento central, la oposición impulsó distintos pedidos de apartamiento del reglamento, todos rechazados por la mayoría oficialista. Entre ellos, se incluyó un intento de interpelación al vocero Manuel Adorni y propuestas vinculadas a otros proyectos, que tampoco prosperaron.
Durante el debate, el oficialismo defendió la reforma bajo el argumento de compatibilizar el desarrollo económico con la protección ambiental. Desde La Libertad Avanza sostuvieron que la nueva norma permite avanzar en actividades productivas sin descuidar el ambiente.
En contraste, la oposición cuestionó duramente la iniciativa. Maximiliano Ferraro la calificó como “regresiva e inconstitucional” y denunció influencia del sector minero en su redacción. Miguel Ángel Pichetto defendió la ley original de 2010 y aseguró que no existen fundamentos técnicos para modificarla.
También hubo críticas más contundentes, como las de Juan Grabois, quien advirtió sobre posibles consecuencias ambientales y cuestionó de plano el proyecto oficialista.
A pesar de los cuestionamientos, el oficialismo y sus aliados mantuvieron una estrategia de bajo perfil en el debate y evitaron confrontaciones directas, concentrándose en asegurar la votación que finalmente convirtió en ley la reforma.