Docentes-sociedad: ¿una relación rota?

En una encuesta reciente impulsada por Gallup en más de 150 países, se preguntó si los maestros de cada nación eran tratados con respeto. Agrupando los resultados por regiones, Latinoamérica se ubicó anteúltima en la clasificación mundial, con solo 27% de respuestas positivas, apenas por encima de los países de África (22%) y muy por debajo de los países de Asia (entre 50% y 79%), líderes en cuanto a apreciación de la tarea docente.
También pareciera existir en nuestro país un estado de «malestar docente», causado por factores negativos que afectan a los educadores y que son el resultado de las condiciones «tipológicas y sociales» en que se ejerce esa tarea. La relación docente-alumno, docente-directivo, la violencia en las instituciones, la carga de actividades y la escasez de recursos, sumadas al contexto global, el mencionado descrédito y cómo el resto de la sociedad ha delegado en el sistema educativo funciones y objetivos que deberían ser afrontadas por otras células como la familia, por caso, son factores determinantes para el actual malestar docente.
Se han observado en las últimas décadas algunos hechos y procesos que han contribuido a este estado de cosas. Los agentes que tradicionalmente participaban de los procesos de socialización se han transformado y han abandonado, en muchos casos, estas tareas en manos de las instituciones educativas. Éstas, además, han perdido la hegemonía en la transmisión de saberes culturales y científicos ante el avance de otros agentes asistemáticos como los medios de comunicación. Así, la escuela (y los docentes) y la sociedad promoverían hoy distintos valores, distintos enfoques, distintas normas en la formación del mismo sujeto social.
En el medio de la discusión, nuestras generaciones venideras y un futuro determinado centralmente por la capacitación. Y con tantas visiones encontradas, el acuerdo y el progreso parecen difíciles de alcanzar.