El escenario económico argentino atraviesa un momento de profundas definiciones. Mientras el dólar oficial y los financieros muestran una calma, los sectores productivos comienzan a crujir bajo el peso del atraso cambiario y la apertura de importaciones.
El economista José Vargas analizó para nuestro medio de comunicación la sostenibilidad del plan oficial, los riesgos del «carry trade» y el complejo panorama que enfrentan las economías regionales dejadas de lado por el Gobierno frente a un mundo que también le suelta la mano a la divisa estadounidense.
Un dólar en calma: entre la caída de demanda y el contexto global
La estabilidad del tipo de cambio en niveles cercanos a los $1.400 ha generado interrogantes sobre cuánto hay de éxito propio y cuánto de coyuntura externa, contemplando que el presidente Donald Trump ha asistido con ayuda económica a la Argentina, la última asegurando que le sacaría el apoyo a Javier Milei si había resultados negativos en las elecciones de medio término. Para Vargas, se trata de una combinación de factores internos y una tendencia internacional. «Lo que ha ocurrido con el dólar tiene que ver con varias situaciones. Claramente no es la misma demanda que tuvimos hasta las elecciones de 2025; hubo una sobrecompra por prevención y temor que cayó considerablemente. A esto se suma la liquidación de exportadores y las empresas que, al emitir obligaciones negociables, ayudan a mantener el mercado estable», analizó de entrada.
«Igualmente, no se trata de algo local solamente; en el resto del mundo el dólar se está debilitando contra la mayoría de las monedas y eso tiene un pequeño impacto en la Argentina. El Gobierno va a intentar mantener este esquema lo más que pueda, incluso fomentando el ‘carry trade’, para evitar que el dólar presione sobre los precios internos, que es su principal caballito de batalla», continuó exponiendo.

El dilema de las economías regionales y el atraso cambiario
A pesar de la calma financiera, los sectores exportadores, especialmente en provincias como Mendoza, empiezan a ver con alarma cómo la competitividad se diluye frente a costos internos que no bajan al mismo ritmo. «Un dólar atrasado o ‘barato’ genera menos competitividad y nos encarece respecto al resto del mundo; perdemos mercados internacionales y eso es una pésima noticia para las economías regionales como la vitivinicultura. El Gobierno tomó la decisión de mantenerlo pisado para no alimentar la inflación, pero el costo es un perjuicio comercial severo», opinó Vargas en diálogo con FM Vos 94.5.
«Además, dudo que veamos un aluvión de liquidación de divisas en la cosecha gruesa; los productores liquidarán solo lo necesario para cubrir costos internos, esperando mejores condiciones. El Banco Central ha recuperado reservas, pero no con la solidez necesaria para mostrar fortaleza; hoy sirven mayormente para cumplir con el pago de deudas en tiempo y forma», añadió.
Actividad económica: una recuperación desigual
En relación con el análisis de los sectores ganadores y perdedores, José Vargas enfatizó la necesidad de mirar más allá del promedio general. «Cuando uno desagrega los datos, ve que a dos o tres sectores les va muy bien, como los servicios financieros o el sector exportador vinculado a la energía, pero el resto está en una situación dispar o negativa», aseguró.
«El comercio minorista, los servicios y la industria, fundamentalmente, arrancaron el 2026 en una situación peor que el año anterior», explicó el economista, señalando que los motores tradicionales del empleo son los que más sufren.
Asimismo, el especialista advirtió sobre el techo del consumo, un factor que limita cualquier intento de expansión comercial inmediata. El deterioro de los ingresos familiares ha generado un escenario de cautela extrema. «Hoy Argentina no tiene un nivel de demanda alto. Lo vemos incluso en las plataformas de compras chinas que ofrecen productos cinco veces más baratos que las locales: han crecido, pero no han ‘explotado’ porque el poder de compra de las familias está muy deteriorado», sostuvo.
«Esta falta de tracción en el consumo interno se consolida como el principal obstáculo para que la recuperación estadística se transforme en una mejora palpable para el ciudadano común», agregó.
La puja industrial y el fantasma del desempleo
La reciente decisión de abrir importaciones en insumos clave, a contramano de todos los países del mundo incluido EE.UU., como las láminas de acero y el conflicto en empresas emblemáticas como Fate marcan, según Vargas, un cambio de paradigma que el mercado interno aún no puede procesar. «Estamos viendo una apertura muy fuerte, particularmente con China, que termina comprometiendo a la industria nacional. Hay una puja política del Gobierno con sectores que antes trabajaban en mercados cautivos, pero esta transición hacia una nueva matriz productiva genera un costo social sumamente importante como cierres de empresas, despidos y asfixia por caída de ventas», subrayó.
«Beneficiar a un sector industrial permitiéndole importar insumos más baratos no siempre llega al consumidor final; en Argentina es difícil ver que una baja de costos se refleje en el precio del bien final. El escenario es delicado porque el agua ya llegó al cuello de muchos sectores y veremos qué costo político está dispuesto a pagar el Gobierno por una economía que mejora en los papeles, pero empeora fuerte en lo social», manifestó José Vargas al cierre de la comunicación.







