Tras un primer trimestre complejo para los mercados internacionales, los bonos argentinos perdieron impulso y el riesgo país volvió a ubicarse por encima de los 600 puntos básicos, en un contexto marcado por la volatilidad global y la búsqueda de refugio por parte de los inversores.
A pesar de que el Banco Central compró cerca de USD 4.500 millones en el inicio de la fase 4, ese movimiento no alcanzó para sostener la mejora en los activos locales. El conflicto en el Golfo Pérsico y la suba del precio del petróleo por encima de los USD 100 impactaron de lleno sobre los activos de mayor riesgo, entre ellos la deuda argentina.
En este escenario, los bonos soberanos fueron más castigados que otros emergentes, mientras que los títulos corporativos mostraron mayor resiliencia y lograron desacoplarse parcialmente del comportamiento general.
Sin embargo, hacia adelante comienzan a aparecer expectativas más optimistas. En el mercado creen que el segundo trimestre podría traer una recuperación apoyada en una mayor acumulación de reservas. Se estima que el Banco Central podría superar los USD 10.000 millones de compras en el primer semestre, lo que fortalecería la posición externa.
Mejores expectativas para la deuda en dólares
Otro factor que suma es el fallo de la justicia de Estados Unidos que anuló la condena contra Argentina por el caso YPF, lo que despeja un pasivo potencial de USD 16.000 millones y mejora la percepción de riesgo.
Al mismo tiempo, una eventual desaceleración del conflicto internacional y una baja en el precio del petróleo podrían contribuir a estabilizar los mercados. Por ahora, la continuidad de las tensiones, tras nuevos anuncios de ataques por parte de Estados Unidos, mantiene la cautela entre los inversores.
Un informe de Delphos Investment destacó que los bonos corporativos lograron bajar su riesgo a niveles cercanos a los 330 puntos básicos, muy por debajo del riesgo país. Esto refleja una demanda sostenida por instrumentos en dólares y menor exposición al riesgo político.
Un ejemplo reciente fue la colocación de Pampa Energía, que logró emitir deuda en dólares en el mercado local con un rendimiento de 5,49% anual a 2029. En contraste, el Tesoro debió convalidar tasas superiores al 8,5% para un bono con vencimiento en 2028.
Actualmente, los bonos soberanos de corto plazo presentan tasas más bajas, mientras que los de vencimientos posteriores a 2028 reflejan mayores niveles de desconfianza vinculados al riesgo político.
Aun con una eventual mejora en la deuda, el Gobierno continúa sin acceso al financiamiento internacional, por lo que mantiene su estrategia de captar dólares en el mercado local mediante emisiones de corto plazo.







