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Dolorosa historia: una familia perdió todo tras una serie de robos mientras cuidaba a su padre internado que luego falleció

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La vivienda que pertenece hace más de cien años a la misma familia fue completamente desmantelada luego de que sus dueños debieran ausentarse por la enfermedad y posterior fallecimiento del jefe de familia. Sin luz desde hace décadas y en medio del aislamiento rural, piden ayuda para reconstruir lo que los delincuentes destruyeron.

Una historia de dolor, impotencia y desamparo envuelve a la familia Bogado, vecinos del distrito El Cerrito, quienes no solo debieron atravesar la enfermedad y posterior fallecimiento del jefe de hogar, sino también una serie de robos que dejaron su casa completamente destruida. Analía Bogado, una de las hijas, contó a FM Vos 94.5 el calvario que vivieron en los últimos meses, en medio de la angustia por la pérdida y la indignación ante el daño causado.

“Teníamos a nuestro papá internado, estuvimos mucho tiempo con él, más de tres meses, y en ese transcurso nos empezaron a entrar a robar, de a poco prácticamente”, relató. Mientras la familia acompañaba al hombre en el hospital, la vivienda comenzó a ser blanco de delincuentes que se aprovecharon de la soledad del lugar.

La situación se agravó tras el fallecimiento del padre. “Después de que falleció mi papá, la casa quedó sola. No queríamos dejar a mi mamá solita allá, porque es muy lejos, y la trajimos con nosotros”, explicó Analía. Pero cuando una de sus hermanas regresó a revisar la propiedad, se encontró con una escena devastadora: “Nos han entrado y nos han robado todo. No nos dejaron puertas ni ventanas, desmantelaron esa casa que mi mamá hoy en día, si tiene que volver ahí, no puede vivir”.

El hecho ocurrió en una finca ubicada sobre calle Muñoz, a unos 700 metros de la calle Rawson, en la zona rural de El Cerrito. “Los vecinos más cercanos están a unos 500 metros”, comentó la mujer, al describir la soledad del lugar. Esa distancia y el aislamiento facilitaron la tarea de los delincuentes, que actuaron con total impunidad.

“Lo que me duele es esa maldad de hacer daño. No tener respeto por las cosas ajenas, no tener corazón y decir ‘¿cómo vamos a dejar a esta familia sin nada?’”, expresó con angustia. Según detalló, los ladrones se llevaron todo: muebles, herramientas, aberturas e incluso las antiguas puertas de dos hojas que pertenecían a la vivienda desde hacía décadas. “No sé cómo se tomaron el trabajo para arrancar esas puertas antiguas, de dos hojas altísimas. No dejaron nada”, lamentó.

La familia sospecha que los elementos robados, en especial las aberturas de madera maciza, podrían haber sido vendidos en el mercado negro. “Son puertas antiguas, de gran valor, y seguramente alguien las va a comprar sin saber de dónde vienen”, comentó la mujer, señalando la posibilidad de que aún puedan recuperarse algunas de las piezas sustraídas.

El daño no fue solo material. “Hasta arrancaron una planta de magnolia. Me pregunto para qué cortaron eso. Es muy desolador y angustiante por el cariño que uno tenía a ese lugar”, dijo, entre la tristeza y la incredulidad. La finca, explicó, tiene un enorme valor sentimental: “Mi abuela nació en 1917 y desde entonces la familia vivió ahí. Mi bisabuelo quedó viudo con siete hijos y solo sacó adelante esa finca”.

La vivienda lleva más de un siglo perteneciendo a la misma familia. “Mi mamá tiene 75 años, nació y se crió ahí. Yo también viví ahí un tiempo con mis hijos, después de perder a mi marido”, recordó Analía, quien subrayó la impotencia que sienten al ver cómo se destruyó el legado de generaciones.

Además del saqueo, la casa arrastra desde hace décadas otro problema: nunca tuvo conexión eléctrica. “Edemsa tiene muchos expedientes abiertos de reclamos, fueron varias veces, medían, pero todo quedaba en la nada”, aseguró. “Mi mamá dice: ‘a la altura que estoy de mi vida, no puedo creer que no tengamos luz’. Hoy en día eso es algo básico”, añadió, y denunció que pese a los pedidos de ayuda a las autoridades, nunca hubo respuesta concreta.

La falta de energía, sumada al aislamiento, dificultó aún más la posibilidad de volver a habitar el lugar. “Nos sentimos marginados, porque a nadie le importó si teníamos con qué alumbrarnos o no”, expresó.

Frente a este panorama, la familia apela ahora a la solidaridad de los vecinos de San Rafael para poder reconstruir, aunque sea de a poco, el hogar que les robaron. “Con lo que puedan ayudarnos, aunque sea de a poquito, para levantar ahí, comprar cables, ladrillos, lo que sea, todo va a ser bienvenido”, sostuvo.

Para quienes deseen colaborar, Analía brindó su número de teléfono —2604 584001— y un alias para transferencias: Vero.Lozano1 (Banco Nación).

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