Dos crímenes que conmovieron a San Rafael y que encontraron justicia dos años después

A solo horas de cumplirse dos años de los aberrantes crímenes de Liliana Balmaceda y Miguel Ángel Scalia, un grupo de comprometidos ciudadanos del Sur de Mendoza se encargó de evaluar las pruebas que había contra los acusados del hecho: Cristian Pajón, Ricardo Peñalbe, Fernando Olivárez y Carlos Ávila, y luego –por unanimidad– los consideró culpables.
El juez Ariel Hernández, tras la declaración de culpabilidad, penó con prisión perpetua a los cuatro acusados, declaró reincidentes uno de ellos (Olivárez) y revocó el arresto domiciliario de Ávila, quien durante un año estuvo bajo esa condición.
Se puede afirmar que, después de dos años de mucha angustia, enojo e incertidumbre, la sociedad sanrafaelina encuentra paz en una decisión que se ajustó a derecho y a la que se llegó por pruebas que, con mucho esfuerzo, dos fiscales, Andrea Rossi y Pablo Peñasco, y una aguerrida abogada, como Claudia Fajardo, representante de la familia Scalia, obtuvieron durante la etapa de instrucción. No les importó que en varias oportunidades se haya aseverado que “no había pruebas” contra los acusados, continuaron hacia adelante y obtuvieron elementos necesarios que situaron a los acusados en la escena del crimen: la casa de Miguel Ángel y Liliana durante la madrugada del 24 de septiembre de 2017.
Ni bien se conoció el desenlace del asalto que habían sufrido los panaderos, el pueblo de San Rafael manifestó su consternación, se apegó a Jesús y Cecilia, dos de los hijos del matrimonio, y se conmocionó por Alejandra, una joven discapacitada que pasó unas 40 horas en estado de abandono, luego del asesinato de sus padres. Fue encontrada deshidratada, al borde de la muerte.
La lucha de Jesús, quien más apareció en los medios del entorno de los Scalia, se transformó en la lucha de un pueblo que no paró de pedir justicia y que, en la semana en que duró el debate, se mostró atento a las alternativas que surgían en el Centro de Congresos y Exposiciones, el inédito edificio donde se desarrolló el juicio.
Si bien está claro que Miguel y Liliana ya no estarán en la mesa familiar de cada domingo, luego de haber sido masacrados por delincuentes que siempre tuvieron a maltraer al barrio Nihuil y sus alrededores, Jesús, Cecilia y Alejandra hoy empiezan el duelo de la irreparable pérdida de sus padres, de cómo se produjeron sus muertes, de qué manera se los arrebataron quienes estropearon los sueños que tenían por cumplir, los desafíos que les quedaba para vivir.
“Se hizo justicia”, clamó la gran mayoría de ciudadanos de San Rafael que –a pesar de ser sábado en la noche– siguieron con mucha atención la transmisión vía streaming del juicio o bien a través de comentarios en redes sociales o foros de portales informativos.
Miguel Ángel y Liliana fueron torturados, golpeados hasta morir por un grupo de jóvenes a quienes conocieron –al menos a uno de ellos– y que ingresaron a la propiedad de calle Gutiérrez con el objetivo de saquearlos de dinero que con mucho esfuerzo obtenían. Eligieron masacrarlos, asesinarlos y luego se encargaron de limpiar la escena del crimen. Hoy, a dos años de aquella fatídica madrugada, se puede volver a afirmar que “el crimen perfecto no existe”.