La tranquilidad con que el Gobierno del presidente Javier Milei transitó sus días desde el importante triunfo en las elecciones legislativas de octubre hasta el presente, parece estar venciéndose, luego de conocerse los datos de la inflación de enero, que registró una nueva suba y rozó el 3% de acuerdo al nuevamente cuestionado Instituto Nacional de Estadísticas y Censo (INDEC), que continúa aplicando un índice y ponderación de bienes y servicios de 2004.
En medio del conflicto interno y la salida del ahora ex titular del organismo, Marco Lavagna, el Gobierno enfrenta a un fantasma que aseveró “estar derrotando” pero que la realidad muestra lo contrario: la inflación lejos está de ser eliminada. Por el contrario, el índice de precios al consumidor (IPC) aumentó por sexto mes consecutivo, lo que encendió las alarmas del Poder Ejecutivo.
La difusión del nuevo IPC ocurrió a pocos días de la renuncia de Lavagna, quien abandonó el cargo tras quedar “stand by” el nuevo cálculo (data de 2018) para medir los precios en Argentina. De acuerdo a consultores privados, de haberse aplicado dicha medición, la cifra hubiese estado ligeramente por debajo de la informada el martes.
Independientemente de las cuestiones técnicas que envuelven a la medición inflacionaria, Milei enfrenta un panorama aún más desalentador: el descreimiento popular a los números que difunde el INDEC. Sí, lo que se transformó en el peor enemigo del Kirchnerismo, allá por la Presidencia de Cristina Fernández de Kirchner, hoy empieza a resurgir entre los ciudadanos “de a pie” que en las góndolas o en los comercios de barrio, advierten una realidad diferente a la que el INDEC expone mes a mes.
Claro está que, en Argentina, el respaldo ciudadano a un Gobierno se mide en términos económicos: “el que manda es el bolsillo”, hablando en términos criollos. Si algo ha beneficiado a Milei en estos 2 años y 2 meses de Gobierno ha sido “la paciencia” de la gran mayoría de los argentinos, como consecuencia – en gran medida – de la pésima gestión económica del ex presidente Alberto Fernández. Sin embargo, esa clemencia popular empieza a menoscabarse con mayor celeridad debido a que se hunde cada vez más el poder adquisitivo del trabajador promedio.
Los días pacíficos y sin turbulencias de Milei parecen tener fin, ya que se viene marzo, para muchos “el verdadero comienzo de año”, con el advenimiento de las clases, aumentos de impuestos y servicios y, lo más doloroso para muchas familias, el costo cada vez más alto de cubrir sus necesidades básicas.







