Economía argentina: inflación controlada versus la percepción de pobreza persistente y la espera de inversiones

A pesar de las cifras oficiales de inflación, que muestran una tendencia a la baja, la realidad económica del país y, en particular, de Mendoza, presenta matices preocupantes. El economista José Vargas analizó la disparidad entre los números fríos y la percepción ciudadana, señalando que la recuperación económica aún es heterogénea y que la pobreza se mantiene en niveles altos.
Durante la entrevista que brindó a la emisora radial FM Vos 94.5, explicó que, si bien los recientes datos de inflación son relativamente bajos y beneficiosos para la economía general, no se traducen directamente en una mejora considerable del poder de compra y el consumo. «Esto se debe a que la metodología de medición del índice de precios al consumidor (IPC) no siempre se condice con el patrón de consumo actual de las familias, quienes perciben un golpe más fuerte en sus bolsillos, especialmente en rubros como alquileres, tarifas y comunicaciones», analizó.

Despegue lento
y la necesidad
de reformas claves
El economista atribuyó el lento despegue de la actividad económica a la falta de ingresos de dólares genuinos y de inversiones nuevas. En ese sentido, destacó que el 2025 es un año complejo por las elecciones, generando mucha expectativa sobre el resultado y las futuras políticas del gobierno. «Creo que, si el oficialismo obtiene un buen desempeño electoral, se podrían impulsar reformas tributarias, laborales y previsionales hacia fin de año. Estas reformas van a incentivar el ingreso de inversiones y permitirán que otros sectores, más allá de los que ya muestran signos de mejora, logren un despegue considerable”, observó.
«Actualmente, el consumo minorista se mantiene chato, lo que contrasta con la recuperación observada en sectores de clases medias y medias-altas, donde se registra mayor actividad en la venta de bienes durables, automotores y propiedades. Esta disparidad en la recuperación, que no es homogénea, genera preocupación en aquellos sectores que aún no logran repuntar», añadió.

La situación
en la provincia
de Mendoza
Para el economista, Mendoza como provincia típicamente turística, sufre particularmente cuando se reduce el turismo receptivo y la demanda se vuelca hacia el turismo interno, afectando al comercio, servicios, transporte, gastronomía y hotelería. «La ausencia de un desarrollo minero significativo en la provincia también influye en esta dinámica, a diferencia de otras regiones del país que muestran un mejor desempeño», consideró.

Dólar: intervención
y expectativas
de cara al futuro
En cuanto al mercado de cambios, Vargas consideró lógico el movimiento alcista del dólar previo a las elecciones debido a la incertidumbre. «Igualmente, no se esperaba una suba tan brusca en los últimos días de junio, considerando que el sector agropecuario aún estaba liquidando fuertemente en previsión de futuras retenciones», apuntó al respecto.
El economista confirmó que el gobierno intervino de manera muy fuerte en el mercado para calmar y aleccionar a los especuladores. Si bien esto contuvo la presión en lo inmediato, Vargas anticipó que en agosto podría haber mayor volatilidad y una tendencia alcista en el dólar, aunque sin llegar a un disparo considerable.
«A pesar de la suba del dólar (aproximadamente un 10% en los últimos 30 días), no se ha observado un impacto significativo en los precios. Esto se debe a un consumo relativamente aplacado, lo que dificulta a los comercios trasladar aumentos», aseguró.
«Además, en ocasiones anteriores, cuando se flexibilizó el cepo para personas, pero no para empresas, hubo un reacomodamiento de precios que luego debió revertirse al no encontrar mercado. La entrada de importaciones también juega un papel en este contexto, haciendo difícil un traslado muy brusco a los precios en una situación en donde la demanda no es tan activa», amplió conceptualmente.
«Para el gobierno, la inflación controlada sigue siendo su caballito de batalla en el escenario electoral. Sin embargo, las mediciones oficiales tienen un patrón de consumo basado en datos de hace 20 años, con ponderaciones distintas. Esto explica la percepción de la gente de sentir que por ahí el alquiler, las tarifas, las comunicaciones, la atención médica suben demasiado, pero por ahí no lo ven impactado en el IPC. Aunque los números oficiales no estén mal medidos, la diferencia en la percepción se debe a estas ponderaciones desactualizadas, una situación que, a pesar de todo, es bienvenida para el gobierno», concluyó.