Economía, salud y responsabilidad individual

El incremento de los contagios de coronavirus ha comenzado a golpear nuevamente el desempeño de la actividad industrial y comercial nacional, que está sufriendo cierres parciales y eso, de manera inexorable, habrá de repercutir en la marcha de la economía.
Más allá de visiones sectoriales, algunas interesadas, lo cierto es que el nivel de ausentismo en las fábricas y negocios ha superado el 20% promedio en las últimas semanas, lo que claramente obstaculiza la recuperación de esos sectores.
Este es un buen ejemplo de las consecuencias de la emergencia sanitaria y que no están directamente atadas a las medidas preventivas oficiales, ya que la paralización momentánea y focalizada de esas actividades se produce en un escenario general de apertura laboral y tiene que ver con el comportamiento individual, en todo caso con fallas de protocolos sanitarios en las empresas, pero básicamente se debe a cómo se cuidan los trabajadores en su vida particular.
La suma de todos esos comportamientos individuales hace a la tan mentada responsabilidad social frente a la pandemia. Pues bien, he aquí, con el caso de algunas industrias y comercios, una demostración de cómo la responsabilidad social incide en la marcha (atrás) de la economía. No son las autoridades nacionales, provinciales o municipales que ordenan cerrar, sino la relajación privada la que facilita la propagación de la enfermedad.
Cuando se habla de la famosa –y a veces falsa– dicotomía “salud vs. economía”, hay que tener muy en cuenta estos datos empíricos que demuestran cómo muchas veces nuestros discursos no son contestes con nuestras acciones.
Es de esperar que el impacto del cuadro epidemiológico, cada vez más grave, active el escudo de la conciencia individual, que en definitiva redundará en salvaguarda de la comunidad. Solamente así se podrá frenar el riesgo y revertir las estadísticas dolorosas, en materia sanitaria y también económica.