El aumento de tres puntos de las retenciones a la soja anunciado recientemente por el Gobierno nacional, ha sido una de las medidas más resonantes desde su asunción. Para referirse al tema, dialogó con FM Vos (94.5) y Diario San Rafael Manuel Alvarado Ledesma, licenciado en Economía con un posgrado en agroalimentos.
“Con el aumento de tres puntos sobre la soja, lo que se logró fue incrementar los ingresos fiscales, que están muy apretados. Hay dificultad o falta de decisión en cuanto a reducir los gastos –o hacerlos más eficientes– e incluso parece que siguen creciendo. Uno puede decir ‘tres puntos no es tanto’, pero son entre 400 y 500 millones de dólares, dependiendo del precio y del volumen que cosechemos”, explicó el economista, y agregó que si bien para la parte impositiva no parece ser muy importante, para el productor es “la última gota que viene a rebalsar la carga impositiva que viene llenando el vaso”. “Es el punto límite que tiene –aparentemente– el sector de la producción. Es cierto que se ha cargado sobre la soja, pero también es cierto que la producción sojera específicamente no existe, en el sentido de que no hay gente especializada únicamente en soja. El productor agrícola es productor de agricultura, es decir, que tiene las diversas producciones”, señaló.
Todo esto genera enormes incertidumbres para esos productores, respecto de lo que ocurrirá con lo demás, ya que si en este momento se hace esto con la soja, el maíz, el trigo y otros cereales pueden llegar a subir también en un futuro, tal vez 20 puntos de manera intempestiva.
Alvarado Ledesma considera que estos aumentos impositivos podrían hacer bajar la actividad, es decir, que son medidas económicas que en vez de sumar recursos, restan, produciendo un efecto contrario al esperado.
No descarta que haya intenciones de generar “enemigos” en el campo, dentro de ese “mito” existente de que ese sector es poderoso y rico, para sumar adeptos políticos, aunque también podría ser simplemente “una necedad del gobierno”, provocando un conflicto innecesario y no se sabe bien cómo puede terminar. “Es un conflicto de larga data, que se acentuó en 2008 pero es más antiguo, y viene de una estructura ideológica que se ha desparramado en la sociedad relacionada con la idea de que ‘el campo es una especie de oligarquía que busca únicamente llenarse de recursos sin importarle el resto’. Y está esa mentalidad medio mercantilista de que ‘si producimos alimentos, no debe haber hambre’, y es una estupidez total porque los alimentos que se producen son para el mundo, para generar recursos, y los recursos generan la posibilidad de que la gente compre sus alimentos”, dijo.







