El 44% del electorado argentino no se identifica ni con La Libertad Avanza ni con el peronismo, según una investigación de la Diplomatura en Comunicación Política de la Universidad de Buenos Aires. El dato expone un escenario abierto de cara a 2027 y pone el foco sobre un grupo de votantes que no responde de manera automática a ninguna de las dos principales fuerzas políticas.
Víctor Taricco, director de la Diplomatura, explicó que ese 44% no conforma un bloque uniforme. Allí conviven votantes de terceras fuerzas, personas que eligen el voto en blanco, ciudadanos que no concurren a las urnas y también antiguos votantes de La Libertad Avanza que hoy están desencantados con el rumbo del Gobierno.
Según detalló, casi la mitad de ese universo había estado vinculada con el oficialismo en 2023, pero actualmente no se siente representada por ese espacio y tampoco encuentra en el peronismo una alternativa clara.
“Las mayorías que definen quién gobierna la Argentina son sumamente pragmáticas, votan resultados. Si el gobierno propuso un plan y no lo alcanzó, pierde”, explicó Taricco.
Un electorado que no busca necesariamente moderación
El especialista advirtió que sería un error interpretar a ese sector como un electorado moderado. “La moderación tampoco convoca”, afirmó.
Lo que aparece con más fuerza es una lógica pragmática: los votantes acompañan a una fuerza mientras consideran que cumple sus objetivos y pueden abandonarla en la elección siguiente si perciben que los resultados no llegaron.
Taricco también señaló que tanto La Libertad Avanza como el peronismo necesitan ampliar su base para aspirar a una victoria electoral.
“Tanto la Libertad Avanza, que hoy tiene un tercio de los votantes, como el peronismo, que está alrededor de un cuarto, no pueden ganar por sí solas con su núcleo duro”, sostuvo.
El estudio también pone en duda que el desencanto abra necesariamente la puerta a nuevas figuras provenientes de fuera de la política tradicional.
“No hay lugar para outsiders. Estas demandas son hacia políticos en actividad y con trayectoria”, señaló Taricco.
La conclusión es que la distancia respecto de los principales espacios no implica necesariamente una búsqueda de candidatos completamente ajenos al sistema político, sino una mayor exigencia hacia quienes ya tienen experiencia y responsabilidades de gestión.
Menos discursos y más resultados
Otro de los ejes de la investigación es la forma en que este electorado responde a la comunicación política. Taricco utilizó el concepto de “austeridad emocional” para describir una mayor valoración de los mensajes basados en hechos concretos y verificables.
“No garpa más la estridencia”, resumió.
Según explicó, los anuncios y las grandes promesas tendrían menos capacidad de persuasión que la exposición de resultados alcanzados.
“Mejor que hablar de hacer una escuela es mostrar una escuela. Mejor que hablar de algo que se va a hacer es mostrar algo que se hizo”, ejemplificó.
El análisis también plantea una diferencia entre viralidad y persuasión. Un mensaje puede tener amplia circulación en redes sociales sin que eso necesariamente se traduzca en capacidad para convencer a un votante indeciso.
De cara a 2027, Taricco consideró que el oficialismo podría volver a construir su campaña sobre una comparación con el pasado, especialmente alrededor de temas como inflación y corrupción.
El estudio deja así un desafío central para todas las fuerzas políticas: conquistar a un electorado amplio, cambiante y poco condicionado por identidades partidarias estables, que parece dispuesto a definir su voto principalmente en función de los resultados.



