El acuciante desafío de mejorar el mercado laboral

La crisis económica que vive el país, con su galopante profundización en los últimos dos años, ha dejado y sigue dejando varios heridos a su paso.
Así, la actualidad muestra cómo han aumentado las tasas de desempleo, se han incrementado los despidos y los empleos precarios, han disminuido los salarios reales, está en crisis el sistema de protección social y aumenta la desigualdad.
La pérdida del poder adquisitivo de los asalariados es una clara consecuencia del proceso inflacionario, que ya es endémico en nuestra historia pero que en 2018 y 2019 ha vuelto a tocar guarismos cercanos al 60% anual, mientras que la inmensa mayoría de los salarios no estuvieron ni cerca de esos incrementos.
En tanto, la situación de quienes están llamados a generar empleo tampoco es sencilla. Si se toma en cuenta que las pequeñas y medianas empresas (pymes) son las responsables del 70% o más de los puestos laborales del país y que ese sector ha sido uno de los más perjudicados por las medidas económicas adoptadas durante la actual administración nacional, no podría existir otra actualidad más que la crítica coyuntura que hoy se evidencia.
El drama de la marginalidad que experimenta el país se remite a varias décadas atrás, pero ahora hunde más profundamente sus raíces en una pobreza estructural que se caracteriza por la ausencia de mecanismos de creación de empleo y el consecuente crecimiento de los bolsones de excluidos. A tal punto llega el flagelo que los especialistas estiman que salir de este estado llevará al menos una o dos generaciones.
Quienes prontamente asuman la conducción del país tendrán a su cargo, entre muchísimos otros, el desafío de crear empleo de calidad y proteger a quienes lo generan. Para crecer, desarrollarnos y generar un entramado social con un mayor equilibrio e igualdad de oportunidades, se necesita, sine qua non y sin dilaciones, generar más y mejor empleo en todo el país. Cualquier otra salida será un atajo efímero.