El cierre de los festejos de Año Nuevo en Mendoza ha dejado un rastro de datos que, lejos de ser meros indicadores de gestión, funcionan como una radiografía de la conducta social frente al riesgo. Mientras el discurso oficial apela a la modernización y la autonomía, las guardias hospitalarias y los puestos de control vial se convirtieron, durante la madrugada de este primero de enero, en los receptores de una desmesura que las campañas de prevención no logran contener. El balance general confirma que el volumen de pacientes atendidos en guardias se ubicó por encima de los 2.000 casos.
En el ámbito de la seguridad vial, los números son contundentes: se registraron 61 incidentes de diversas gravedades. Le siguieron las intoxicaciones por alcohol y otras sustancias, que alcanzaron 23 intervenciones. Además, el reporte oficial consignó 8 intentos de autoeliminación, un dato que encendió alertas y refuerza la necesidad de seguimiento en futuros informes.
La pirotecnia, a pesar de las prohibiciones vigentes y la sanción de normativas de «Pirotecnia Cero» que buscan proteger la salud pública y el bienestar animal, volvió a ser protagonista de las crónicas médicas. Los reportes oficiales indican que 12 personas debieron ser asistidas por quemaduras y lesiones oculares. Si bien la cifra muestra un descenso respecto a décadas pasadas, su persistencia evidencia el fracaso de la fiscalización sobre el mercado ilegal y, fundamentalmente, la vigencia de prácticas culturales que desprecian el daño ajeno en favor de un divertimento efímero.
A este panorama se suman los heridos por armas blancas y riñas, que en estas fechas suelen incrementarse al calor del consumo excesivo. Las estadísticas sanitarias de este arranque de 2026 contabilizaron 20 ingresos por heridas cortantes en toda la provincia, vinculadas a altercados en reuniones familiares o en la vía pública. Estos datos no son aislados: se inscriben en una tendencia donde el sistema público de salud debe desviar recursos críticos para atender contingencias derivadas de la violencia interpersonal y el abuso de sustancias.
Resulta imperativo que la dirigencia analice estos números no solo como un balance estacional, sino como una señal de alerta sobre la eficacia de los controles. La estadística nos dice que, a pesar de las multas gravosas y los operativos de visibilidad, una parte de la sociedad sigue eligiendo la transgresión.




