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Cocaína en Argentina: especialista advierte por el crecimiento del consumo y las deficientes políticas para combatir el flagelo

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El doctor Sergio Saracco, referente en toxicología de Mendoza y miembro de la Asociación Toxicológica Argentina, advirtió sobre el crecimiento sostenido del consumo de cocaína en el país. Con tasas que superan a naciones como Canadá y Australia, Argentina se posiciona hoy en la cima del ranking regional. En una entrevista que brindó a FM Vos 94.5, Saracco analizó las causas económicas, el impacto devastador en la salud cardiovascular y cómo la sustancia está reconfigurando la violencia social.

Por qué la cocaína se transformó en una droga de bajo costo

Contrario a la creencia popular de que la cocaína es una droga de alto costo, el especialista señaló que la ubicación geográfica de Argentina y la porosidad de las fronteras han facilitado una oferta que abarata el producto. «Hay que entender la arista del mercado: la oferta y la demanda. La producción de cocaína se da en nuestro continente, lo que disminuye drásticamente los costos de transferencia en comparación con Europa. La fácil penetración de las fronteras genera una mayor oferta y eso baja los precios», explicó el doctor Saracco al inicio del reportaje.

«Asimismo, nos encontramos con una sociedad que tiene una demanda sostenida producto del estrés y la alta vulnerabilidad, donde el consumo aparece como una ‘recompensa’ o satisfacción inmediata ante la crisis. Al abaratar costos, se fomenta la sostenibilidad de ese consumo», continuó exponiendo.

De la planta al laboratorio: la ruta del clorhidrato

Más adelante, Saracco explicó que, a diferencia de las drogas de diseño (sintéticas) que provienen mayormente de Asia, la cocaína tiene un origen biológico pero atraviesa un proceso químico altamente concentrado. «La cocaína proviene de la planta Erythroxylum coca, originaria de la zona andina. El coqueo tradicional buscaba resistencia a la altura, pero mediante procesos químicos extractivos se logra el sulfato y luego el clorhidrato de cocaína, obteniendo una alta concentración del principio activo: la benzoilmetilecgonina. Los laboratorios ‘a cielo abierto’ en países como Bolivia, Perú, Colombia o Venezuela realizan estos métodos de concentración para obtener el polvo blanco que circula», afirmó el experto.

«Hoy, además, preocupa el paso del esnifado al consumo de ‘crack’ (cocaína fumada), que genera una dependencia mucho más rápida y un deterioro físico feroz», alertó.

Uno de los puntos más alarmantes es la relación directa entre el consumo y la pérdida del freno inhibitorio, lo que explica el aumento de la violencia en el delito y la accidentología

Impacto sistémico: cómo la cocaína altera el corazón y el comportamiento social

Uno de los puntos más alarmantes es la relación directa entre el consumo y la pérdida del freno inhibitorio, lo que explica el aumento de la violencia en el delito y la accidentología. «La cocaína genera una gran liberación de adrenalina y dopamina. Muchos la usan para el ‘pluriempleo’, para estar más activos o conducir más horas, pero los efectos secundarios son nefastos. Esta hiperestimulación modifica conductas: en una discusión aparece la violencia rápidamente, o en un asalto se produce el disparo de un arma con facilidad porque se pierde el dominio de la respuesta», resaltó Sergio Saracco.

«A nivel físico, vemos personas cada vez más jóvenes con ACV, infartos o arritmias. La droga aumenta el riesgo de trombosis y acelera procesos arterioscleróticos; hoy vemos una altísima prevalencia de cocaína en los estudios forenses de hechos delictivos violentos», agregó.

Educación y prevención: el espejo del tabaco como estrategia de Estado

Para el doctor Saracco, el abordaje del narcotráfico es incompleto si no se trabaja sobre la demanda. La solución, para él, no es exclusivamente policial ni punitiva, sino que requiere una inversión sostenida en el capital social y psicológico de la población para desarticular la «romantización» que rodea al consumo de sustancias. «Hay que trabajar desde la escuela primaria para que el niño entienda, desde temprano, que esta sustancia es un veneno. Actualmente tenemos un fenómeno cultural opuesto: las canciones, las películas y las redes sociales lo hacen ver como algo divertido o inofensivo. Debemos decir la verdad cruda: si te expones a esto, el riesgo de terminar muerto o en prisión es altísimo», aseveró con total sinceridad.

«No es un planteo moral, es una realidad basada en el daño orgánico y en los cambios de conducta que llevan al delito», añadió.

Finalmente, el especialista destacó que el éxito de las campañas antitabaco en las últimas décadas demuestra que es posible modificar comportamientos masivos mediante políticas públicas coherentes y prolongadas en el tiempo. «Cuando se aplican políticas sostenidas, se logra disminuir el consumo; lo vimos con el tabaco. Sin embargo, hay que estar muy alertas porque la industria siempre busca reconquistar el mercado. Ante la caída del cigarrillo tradicional, aparecieron los vapeadores y las bolsitas de nicotina. Con la cocaína pasa algo similar: hay que generar una percepción del riesgo real», planteó.

«Si no invertimos en educación para que el ciudadano comprenda que se está destruyendo, no habrá fuerza policial que alcance para frenar este avance», afirmó al cierre de la conversación.

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