El básquet como una metáfora nacional

Esta semana, una excelente viñeta del dibujante humorista Sendra destacaba el buen rendimiento de la selección argentina de básquetbol en el campeonato mundial de dicho deporte que por estos días se desarrolla en China y que tiene al conjunto nacional disputando, esta mañana, las semifinales ante Francia en la búsqueda de llegar a la final del certamen del domingo próximo.
En esa historieta, un periodista da la noticia de “un nuevo éxito argentino en básquet”, la colega femenina del primero agrega: “Su entrenador dice: ‘Sólo hicimos lo que siempre hacemos los argentinos’”, y un tercer comunicador remata: “Andamos a los saltos y a las corridas, nos pasamos la pelota unos a otros, tratamos de agarrar algo de rebote y, al final, todo el esfuerzo va a parar al cesto”.
La comparación de Sendra entre el básquet y la realidad nacional es cruda y puede sonar hasta descorazonadora. Sin embargo, también podría servirnos para ver algunas de las cosas que sí hacemos bien los argentinos.
En ese sentido, y en primer término, la calidad de nuestros historietistas ha sido ampliamente reconocida en todo el mundo y los actuales exponentes no les van en saga a los maestros del siglo pasado. Por otra parte, hay que afirmar que el rendimiento del seleccionado argentino de básquet no es producto de un milagro, una coincidencia o un giro impensado del destino sino que es el resultado final de un trabajo serio y sostenido en el tiempo en el que dirigentes, técnicos y jugadores han aportado más del 100% de su trabajo y talento para construir un equipo que hoy es admirado en el mundo deportivo global.
Ver la realidad, tomársela con humor, ser agudo en la crítica pero trabajar para ser siempre mejores, aportar cada uno lo suyo y tener como norte común el ser un conjunto que conquiste sus objetivos es, quizás, nuestro mayor desafío como país. Y hasta es muy probable que resurjamos de este nuevo pozo en el que hoy estamos los argentinos -ya lo hemos hecho otras veces-, aunque muchos se sigan empeñando en “no embocar una”.