El bien común: el menos común de los bienes

La convocatoria del presidente Mauricio Macri a diferentes actores del arco político nacional para concordar una serie de puntos básicos que tenderían, según el propio oficialismo, a mejorar la gobernabilidad de nuestro país sigue deparando capítulos, acciones, respuestas y análisis.
Con los principales convocados de la oposición política de Cambiemos contestando al convite afirmando que el mismo llegó de forma tardía y con la intención de “apagar un incendio” que no generaron, la cercana puja electoral para determinar quién conducirá ejecutivamente los destinos de nuestro país en los próximos cuatro años ha jugado fundamentalmente en lo que por ahora parece más un desencuentro que una concordia.
Más allá de las razones de convocantes y convocados, ninguno de ellos debería olvidar el fin último de la política: el bien común de la sociedad.
La política es el puente que poseemos los hombres para lograr nuestra plenitud de manera mancomunada y es a través de ella que quienes son llamados a integrar la clase dirigente de sus comunidades se ponen al servicio de sus representados. La vida civil de las personas en sociedad debe ser guiada por la política y la función de ésta es conducir a los pueblos para que alcancen su desarrollo integral, ni más ni menos.
Para que una sociedad tenga la posibilidad de subsistir y eventualmente evolucionar, necesita un acuerdo que subordine los intereses sectoriales al bien del conjunto social. Este acuerdo de voluntades o esta voluntad de concordia política debe fundarse en un repertorio de principios que, en definitiva, procuren la dignidad y el bienestar de cada argentino.
Que las partes se subordinen al “todo social” y que se abandonen las luchas sectoriales que buscan hacer de ese todo una parte debería ser el Norte que guíe los pensamientos y las acciones de los argentinos, sobre de aquellos que tienen a su cargo las decisiones dirigenciales. En ese camino, también hay que decirlo, las medidas concretas siempre serán más productivas que las meras expresiones discursivas voluntaristas.

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