El captagón es una droga sintética de alto poder estimulante que ha comenzado a circular con fuerza en distintas partes del mundo y que genera preocupación en ámbitos médicos y de seguridad. Aunque en Mendoza aún no se han registrado casos concretos vinculados a esta sustancia, desde el ámbito de la toxicología se llama a estar alerta ante su posible llegada. Así lo indicó el doctor Sergio Saracco, médico especializado en toxicología, en diálogo con Diario San Rafael y FM Vos 94.5, donde brindó un detallado análisis sobre esta droga que se ha hecho conocida por su uso en zonas de conflicto y entre organizaciones delictivas.
“El captagón, si bien la escuchamos en algunas ocasiones, es una sustancia psicoactiva, es decir, un químico que actúa en el sistema nervioso central de origen sintético, diseñado en laboratorios”, explicó Saracco. Según detalló, tiene una larga historia de uso y desarrollo en países asiáticos, y aparece de forma esporádica en los mercados ilegales. Pertenece al grupo de las drogas estimulantes, al igual que la cocaína o las anfetaminas.
Esta droga genera una fuerte estimulación del sistema nervioso: “Aumenta la frecuencia cardíaca, la tensión arterial, se dilatan las pupilas y genera esta exacerbación de los comportamientos”, describió. Precisamente por sus efectos, es utilizada muchas veces en contextos delictivos, ya que “quita el miedo, el dolor y la empatía” de quien la consume.
Saracco explicó que el desarrollo de estas sustancias responde también a cuestiones prácticas del narcotráfico: “Las drogas más clásicas, como la marihuana o la cocaína, al tener origen vegetal, hoy son más fácilmente detectables en los controles de frontera mediante perros entrenados, reactivos químicos o escáneres”. Frente a eso, las drogas de diseño ofrecen una ventaja para los narcotraficantes, ya que “tienen particularidades únicas que hacen que puedan ir escapando a este tipo de controles”.
Respecto al origen del “captagón”, el especialista señaló que generalmente proviene de países asiáticos: “Generalmente son países como China, la India o Afganistán, que cuentan con grandes laboratorios y una gran cantidad de precursores químicos, muchos de ellos usados en la producción legal de medicamentos. En ese marco, se desvían algunas sustancias para sintetizar drogas como esta”.
Sobre los efectos inmediatos que generan en quienes la consumen, Saracco fue enfático: “Estas sustancias actúan en neurotransmisores como la dopamina y la serotonina, generando un placer excesivo. Mejora el estado anímico, la capacidad física y da una sensación de potencia, por eso muchas veces se asocian a actividades que requieren esfuerzo prolongado, como los conductores que manejan largas distancias”.
Sin embargo, advirtió que las consecuencias para la salud son graves: “Aumenta el riesgo de arritmias, de hipertensión, y además modifica la conducta. Estas personas tienen una conducta mucho más reactiva, más temeraria y con más propensión a la violencia”. De hecho, destacó que el impacto no se limita a quien la consume, sino que también afecta su entorno inmediato: “La violencia, los accidentes por exceso, todo esto es parte del peligro. No se puede pensar sólo en el daño personal, sino también en las consecuencias colectivas”.
En cuanto a la presencia del captagón en Argentina y específicamente en Mendoza, Saracco aclaró que “no se han detectado casos de esta droga en particular, probablemente por una cuestión de costos”. No obstante, sí se han registrado otras drogas de diseño con efectos similares: “Están circulando ya otras drogas estimulantes como las feniletilaminas, conocidas como cocaína rosa o “Tusi”, que pertenecen a la familia de las anfetaminas y metanfetaminas. En Mendoza ya se han detectado algunos de estos compuestos”.
Ante esta tendencia, Saracco hizo una advertencia importante: “Estas sustancias no están prohibidas por un tema judicial o de persecución, sino desde la salud. Generan daños graves, no solo en forma directa sobre el cuerpo, sino también por las conductas que desencadenan. Por eso hay que estar alerta y entender que esto es una estrategia del narcotráfico para acostumbrar a los usuarios y esquivar los controles”.
El avance de las drogas de diseño, con sus formas sofisticadas y difíciles de detectar, marca una nueva etapa en el desafío que enfrentan tanto los sistemas de salud como los organismos de seguridad. Con información, investigación y prevención, se busca evitar que estos compuestos se instalen en los circuitos locales, donde su impacto podría ser devastador.







