El caso Cabezas y la relación periodismo-poder

La Ley 24.876 sancionada el 10 de septiembre de 1997 y promulgada el 13 de octubre de 1997 establece el 25 de enero como el Día Nacional del Reportero Gráfico.
Esta fecha se conmemora en todo el país en homenaje a José Luis Cabezas, periodista y fotógrafo asesinado el 25 de enero de 1997 en Pinamar cuando cumplía con su trabajo.
Su homicidio se convirtió en el mayor emblema de la lucha de la prensa argentina en pos de la libertad de expresión, ya que se produjo después de que tomara, para la revista Noticias, las primeras fotos públicas del empresario Alfredo Yabrán, objeto de una investigación periodística sobre su presunta implicación en casos de corrupción política. El juicio por el hecho terminó con nueve hombres –entre ellos varios policías– condenados, la mayoría de ellos a perpetua. Hoy, ninguno de ellos está preso.
El periodismo es un oficio, una profesión, que lleva a quienes la ejercemos a un contacto permanente con el poder. El hecho de mostrar la realidad, de recortarla, supone asumir un compromiso con esa realidad y adoptar una posición ideológica para reflejarla. Superada hace mucho tiempo la discusión bizantina sobre si es posible la objetividad en el periodismo, el desafío se centra en la necesidad de asumir una subjetividad asentada en la honestidad intelectual.
Periodismo y poder constituyen dos caras de una misma moneda. En la medida en que el periodista se compromete con la realidad que describe, deberá enfrentar necesariamente al poder. Son discursos divergentes que en algún momento se volverán antagónicos.
La complejidad de la sociedad moderna y el descrédito social en instituciones claves de la sociedad argentina han convertido al periodismo no partidario en el reaseguro institucional de la joven democracia argentina. Y el dilema de los periodistas es el mismo que marcó a fuego este oficio desde sus orígenes: auscultar la realidad y mostrarla con la mayor honestidad posible, haciendo caso omiso de las presiones internas y externas a la hora de contar las historias que le interesan a la gente y que, muchas veces, molestan al poder.

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