El caso Jenniffer y una foto de cómo somos

a muerte de Jennifer Dana Fernández Condo, una beba de 14 meses e hija de inmigrantes bolivianos que en mayo de 2019 falleció luego de haber acudido al centro de salud de Salto de las Rosas y al hospital Schestakow, depara aún varias discusiones que nos inquieren como sociedad.

Esta semana, el fiscal que investiga la causa, Javier Giaroli, imputó a los tres médicos que intervinieron. Así, Martín Leroy y María Estefanía Puri fueron acusados de homicidio culposo por haber –supuestamente- mal diagnosticado a la pequeña, mientras que el profesional Alejandro López Teobaldi fue imputado por incumplimiento de funcionario público y abandono de persona, ya (a entender del fiscal) que no atendió a Jennifer cuando debía hacerlo.

Con esto, el funcionamiento y la atención que brindan los efectores públicos de salud y sus integrantes ante este tipo de requerimientos han sido puestos en revisión. Sin embargo, una arista anexa parece rodear, preocupantemente, el caso: Paulina Condo y Severo Fernández, los padres de Jennifer, son oriundos de Potosí y hace más de 15 años trabajan en los hornos de ladrillos en la zona de Calle Larga, en Cañada Seca. Paulina y Severo siempre estimaron que su nacionalidad fue trascendental a la hora de no recibir la atención pertinente para su hija. De hecho, el Consulado de Bolivia en Mendoza se interesó en el suceso al punto que su titular, Francisco Navajas, afirmó en su oportunidad que esperaban conocer a “los culpables” de la muerte de la menor.

Las sospechas de los familiares de la niña fallecida y de las autoridades diplomáticas no suenan caprichosas. De hecho, para los responsables del Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo en nuestra provincia, los bolivianos están entre los sectores más discriminados de Mendoza.

Las investigaciones iniciadas deberían concluir con la determinación de las eventuales responsabilidades en el caso. Esas respuestas oficiales son impostergables ante un hecho por demás doloroso y que, sobre todo, debería llevarnos a reflexionar acerca de nuestras conductas y nuestros prejuicios, que muchas veces son más dañinos que una enfermedad.