El celular y la responsabilidad colectiva en las aulas

El reciente bloqueo de plataformas digitales como Roblox por parte de la Dirección General de Escuelas es una medida defensiva dentro de una polémica mucho más profunda y grave que afecta a todas las aulas de Mendoza: el uso irrestricto de los teléfonos celulares por los estudiantes.

El dispositivo, a la vez portal de conocimiento y de distracción instantánea, desata una batalla diaria en el aula que, para ser ganada, exige la responsabilidad de todos los actores sociales involucrados.

La escuela se debate entre la prohibición total para recuperar el orden y la regulación pedagógica para formar ciudadanos digitales. Sin embargo, el fracaso en la gestión del celular no es culpa exclusiva del alumno, del docente, ni de las familias; la responsabilidad es colectiva y sistémica.

El Estado y la Escuela deben garantizar una infraestructura tecnológica que permita un uso productivo y seguro de los dispositivos sin colapsar la red. La normativa debe ser clara, moderna y aplicable, superando la lógica de la simple censura. Las familias tienen la obligación ineludible de educar en el autocontrol y el ejemplo. El argumento de la comunicación de emergencia no puede ser la excusa para evadir la responsabilidad de establecer límites en el hogar, ya que la adicción que el niño ve en sus padres es la que replica en el aula. Los medios y las plataformas tienen la responsabilidad ética de moderar contenidos y diseñar herramientas menos adictivas. Finalmente, los propios estudiantes deben ser formados y sensibilizados sobre el valor de la atención y el silencio como herramientas de aprendizaje y convivencia. El desafío es ir más allá de señalar culpables. La responsabilidad es de todos en la construcción de un pacto social amplio que dignifique el aula. El celular seguirá siendo una herramienta poderosa. La meta no es eliminar el dispositivo, sino transformar la cultura de la distracción y los riesgos frente a delincuentes en una cultura de la atención y seguridad compartida, donde todos, sin excepción, asumamos nuestra cuota de disciplina.