La relación entre el nivel socioeconómico de los estudiantes y su rendimiento escolar es una problemática históricamente analizada en Argentina. Sin embargo, un reciente informe del Observatorio de Argentinos por la Educación demuestra que, si bien las condiciones sociales marcan una influencia, existen factores internos en las escuelas que pueden revertir los pronósticos más negativos. Pablo Mainer, vocero de la organización, dialogó con Diario San Rafael y FM Vos 94.5 para profundizar sobre este estudio y remarcó que “el nivel socioeconómico no lo es todo a la hora del rendimiento escolar”.
Mainer explicó que el informe surge de una preocupación recurrente en el ámbito educativo: “Muchas veces los docentes sienten que no pueden hacer demasiado porque los chicos vienen de contextos muy complicados”. En ese sentido, destacó que el objetivo del trabajo fue mostrar que “hay cosas que la escuela puede hacer, aún cuando las condiciones externas sean desfavorables”.
Según detalló, “el contexto socioeconómico es, efectivamente, un factor determinante a la hora de analizar los resultados de las pruebas educativas, ya sean nacionales o internacionales”. Sin embargo, el informe arrojó un dato alentador: “En Argentina, el 35 por ciento de las escuelas que, por su contexto, deberían tener peores resultados, logran desempeños por encima de lo esperado”.
Frente a esa evidencia, Argentinos por la Educación se propuso analizar qué prácticas o condiciones diferenciaban a esas instituciones. “Vimos que hay cuatro factores fundamentales”, señaló Mainer. El primero es “la cantidad de años que un director o directora permanece al frente de la escuela, ya que permite consolidar un proyecto institucional a largo plazo”. El segundo aspecto clave es “la capacitación docente continua”, fundamental para mejorar la calidad de la enseñanza.
El tercer factor detectado es “la cantidad de horas que los chicos pasan en la escuela”, reafirmando la importancia de las jornadas extendidas o completas. Finalmente, el cuarto elemento, que resulta ser el más importante en las escuelas estatales, es “el clima escolar positivo”. Según Mainer, esto implica “un ambiente donde el docente es cercano, los alumnos se sienten bien, se llevan bien entre ellos y existe un espacio de contención”.
“El chico que no la pasa bien, no aprende. Un chico que está contenido, que se siente cómodo, que encuentra un ámbito de diálogo, aprende mucho más”, enfatizó el vocero. Además, indicó que “el clima escolar debe ser considerado un elemento pedagógico tan importante como la enseñanza misma” y llamó a articular políticas específicas para trabajarlo de forma conjunta con los contenidos académicos.
Mainer también mencionó un caso paradigmático en Córdoba, donde la localidad de Pocho, en el interior provincial, logró que sus alumnos alcanzaran rendimientos superiores incluso a los de zonas de escuelas privadas costosas en la Ciudad de Buenos Aires. “Se trata de escuelas pequeñas, donde todos se conocen, el docente es cercano y, sin dudas, se aplican buenas estrategias pedagógicas”, comentó.
A lo largo de la entrevista, Mainer insistió en que “la responsabilidad no puede recaer solo sobre el docente individual”. Para que estas buenas prácticas se consoliden, es necesario “que el Estado garantice herramientas, capacitaciones e instrumentos, y que las políticas públicas acompañen a las instituciones educativas de manera sistémica”.
En relación a la comparación entre las escuelas públicas y privadas, Mainer reconoció que “se dan diferentes políticas de gestión” y que “en los últimos años, el sistema público se viene degradando en cuanto a los resultados escolares”. A su vez, remarcó que recientemente elaboraron otro informe que evidencia un proceso de segregación educativa: “Cada vez más, la escuela pública queda para los sectores más desfavorecidos y la privada para los sectores de mayores ingresos”.
No obstante, advirtió que no se trata únicamente de una cuestión económica. “No siempre son familias ricas las que optan por la educación privada, muchas veces son familias que hacen un esfuerzo porque consideran que allí sus hijos tendrán más clases y mejores condiciones de aprendizaje”, explicó.
También se refirió al deterioro de la diversidad educativa en el país: “Argentina era un ejemplo donde el hijo del dueño del campo estudiaba junto al hijo del peón, todos con su guardapolvo blanco; esa característica se fue perdiendo”, lamentó.
Finalmente, Mainer alertó sobre una paradoja preocupante: “Incluso los chicos más ricos de Argentina, que en términos de ingresos son los segundos más acomodados de la región después de Chile, no tienen los resultados escolares que deberían”. Para el vocero, esto muestra que “el problema educativo argentino es profundo y no se soluciona solamente con recursos económicos”.
Desde Argentinos por la Educación insistieron en la importancia de abordar estas cuestiones de manera integral, apostando a un fortalecimiento del clima escolar, a la formación continua de los docentes y a políticas públicas que no resignen la idea de que una buena educación es posible en cualquier contexto.







