El levantamiento del cepo cambiario generó múltiples repercusiones y opiniones en el ámbito económico, político y empresarial. En este contexto, el contador Marcelo Olea dialogó con Diario San Rafael y FM Vos 94.5 para ofrecer su visión técnica sobre los movimientos económicos recientes y los desafíos que se avecinan.
Olea comenzó contextualizando el origen de estas restricciones: “El cepo se instaló en el año 2011 en el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner, precisamente para evitar la fuga de capitales y tratar de frenar el aumento de la cotización del dólar, lo cual generaba un incremento que se trasladaba a precios, empujando a la inflación hacia arriba”.
Sobre los antecedentes más recientes, remarcó que “en diciembre de 2015, ni bien asume Mauricio Macri, donde el dólar estaba en 15 pesos, levanta el cepo. También se generaron ciertos temores, pero las connotaciones colaterales fueron menores”. Más adelante, recordó que durante la gestión de Macri “se instala de nuevo el cepo con restricciones para comprar hasta 10.000 dólares, y en 2019 lo tuvo que volver a instalar”.
El especialista explicó que esta herramienta, aunque conocida por el ciudadano de a pie como una restricción para comprar dólares como forma de resguardo de valor, también afectó directamente al sector productivo. “Las empresas necesitaban también dólares para poder operar, y las entradas de dólares eran cada vez más bajas porque el tipo de cambio comenzó a atrasarse y los exportadores no veían competitiva su venta al exterior”.
Desde su análisis, la acumulación de problemas macroeconómicos llevó a la necesidad de un cambio de rumbo: “La macroeconomía se desordena, se desordenó el empleo, había mucho desempleo, mucha inflación, el crecimiento postergado. Si no se corregían las variables macroeconómicas, esto no tenía salida”.
En este sentido, valoró el intento del Gobierno nacional por modificar ese panorama. “El déficit fiscal se corrige, se transforma en un superávit a propósito de la baja del gasto. Teniendo medianamente acomodadas las variables macroeconómicas, se decide anticipadamente sacar este cepo”.
Sobre los primeros días posteriores a la medida, Olea señaló que el mercado reaccionó con más tranquilidad de la esperada: “El primer y segundo día dictaron el veredicto. Si habiéndose liberado el mercado para la compra de monedas extranjeras el tipo de cambio se ubicó levemente por encima del oficial, era de esperar que el dólar siguiera bajando”.
Para graficar este comportamiento, propuso un concepto: “A esta fluctuación la he denominado tipo de cambio que juega a dos puntas. Si el dólar se ubica más cerca del piso, fortalece el peso, desacelera la inflación y el Banco Central acumula reservas, que es el objetivo central del Gobierno”.
No obstante, admitió que esta situación tiene efectos colaterales: “Si el dólar se arrima más al techo, hace más competitivas a las empresas y crece la recaudación impositiva. Lo contrario se da si el dólar está cerca del piso: las empresas que exportan no tendrían deseos de exportar porque el dólar dejaría de ser competitivo”.
En este marco, mencionó también que algunos sectores ya empezaron a manifestar señales de alerta. “Hasta antes de la salida del cepo se hablaba de un dólar que no era competitivo. Empujaban por la devaluación para tener un dólar más alto”.
Consultado por los efectos en los precios, Olea fue claro: “Los precios se deberían haber terminado de corregir en ni siquiera un 6 por ciento. Yo acá tengo 5,65 por ciento, que es la diferencia entre los 1.098 y los 1.160 pesos del dólar oficial”. Sin embargo, alertó sobre una conducta que se repite históricamente: “Lo que ocurrió con los incrementos de precios introspectivos fue lo que ha ocurrido a lo largo de décadas en la Argentina: aumento de precios por las dudas, eso significa entrar en la espiral de inflación por expectativa”.
Sobre esto último, también valoró ciertas decisiones empresariales en las últimas jornadas: “Hay muchas industrias que han decidido retrotraer los aumentos que pensaban aplicar. Me parece un despropósito que estos incrementos prosperen”.
Finalmente, explicó que las medidas monetarias también influyen en este esquema: “El Banco Central incrementó la tasa de plazo fijo, lo cual encarece el costo del dinero. Esto genera un agravamiento en los préstamos para el sector productivo y también para el consumo. Hay cierto consumo que se va a retraer por tener un costo financiero total de los bancos muy superior”.
Como cierre, insistió en cambiar la mirada sobre la divisa estadounidense: “El dólar debe ser considerado como un activo transaccional y no como un resguardo de valor. Si se ubica más cerca del piso, esto lo fortalece al peso, más allá de las connotaciones negativas o efectos no deseados”.







