La recesión y la inflación están haciendo estragos en el país. La economía no arranca y el desempleo avanza. Los datos de esta realidad de la Argentina han sido corroborados mediante el informe de la Universidad Católica Argentina titulado «nuevos pobres, pobres más pobres y más desiguales: ¿Una crisis que va quedando atrás o un peor futuro por venir?».
En ese reporte, el estudio compara datos oficiales del primer trimestre de este año con los del cuarto trimestre de 2023, para analizar los cambios socioeconómicos del último año, tanto positivos como negativos.
Ese informe señaló que el ingreso promedio per cápita alcanzó los $233.695 en el primer trimestre de 2024, comparado con $255.247 en el trimestre anterior y $295.128 un año atrás. Es decir, la población perdió en promedio un 20% de su poder adquisitivo real entre el primer trimestre de 2023 y el primer trimestre de 2024.
En los hogares, los ingresos se redujeron en términos reales entre un 30% y un 15%, en comparación al mismo trimestre del año anterior. Esto se explica ya que los ingresos laborales (como los no laborales) fueron insuficientes para compensar el aumento de la canasta básica, siendo los sectores más bajos los más afectados.
«Hace tres meses habíamos estimado que los índices de pobreza e indigencia en el primer trimestre del año iban a ser inéditos. No haber llegado a los niveles del 2001 no significa que nos sean igual de drásticos. El shock inflacionario y el estancamiento económico han imposibilitado sostener el consumo por las escasas actualizaciones que tuvieron los ingresos de los trabajadores asalariados y los haberes jubilatorios «, analizó ante los micrófonos de FM Vos 94.5 el director del Observatorio de la Deuda Social de la UCA, Agustín Salvia.
«En este contexto, las tasas de pobreza e indigencia habrían pasado del 38,8% y 8,8% en el primer trimestre de 2023 a alrededor de 55% y 19%, respectivamente, un año más tarde. En el período de un año, a nivel general, la capacidad de compra del ingreso medio real de la ocupación principal disminuyó un 18,5% y la mediana un 26,7%, lo cual expresa la mayor pérdida relativa de ingreso de los trabajadores de menor ingreso de la ocupación principal. Las clases medias de trabajadores semicalificados pasaron a formar parte de los ‘nuevos pobres’ Hubo una contracción en el consumo alarmante», advirtió.
No obstante, y más allá de estos datos negativos, Salvia indicó que para el segundo semestre del año se espera que mejoren algunos indicadores. «El consumo se está recuperando lentamente. Aunque hay algunas mejoras por la caída de la inflación, el nivel de la indigencia se mantiene muy alto. Se puede revertir esta situación lentamente, con una reactivación del sector informal de la economía y una recomposición salarial del formal», sostuvo el director del Observatorio de la Deuda Social Argentina de la Universidad Católica.
«Por otro lado, si bien se destacan los aumentos en programas sociales como la AUH-TA, estos no fueron suficientes para compensar la caída de ingresos reales, consecuencia de la inflación y la recesión. Por ende, los hogares dependientes de programas sociales o empleos informales experimentaron el mayor deterioro en su bienestar económico. La recuperación se está dando muy de a poco y de acuerdo los segmentos sociales. La inestabilidad financiera continúa siendo alta. Esperemos que siga disminuyendo la inflación, así el país encuentra estabilidad macroeconómica. Si las pequeñas y medianas empresas no visualizan un horizonte claro de reactivación, está a la vuelta de la esquina la posibilidad de que haya más despidos. Si esto es así, se va a agravar aún más la situación social del país», avisó Agustín Salvia.







