El cultivo de cannabis y cáñamo abre un nuevo escenario productivo en Mendoza

La reciente habilitación legal impulsa una actividad con múltiples aplicaciones industriales, desde la salud hasta la alimentación y el sector textil. Productores locales destacan el potencial económico, la necesidad de educación y los desafíos que enfrenta el desarrollo de esta industria emergente.
El cultivo de cáñamo y cannabis medicinal comienza a consolidarse como una alternativa productiva con proyección en Mendoza, en un contexto marcado por la apertura legal y el interés creciente a nivel nacional. Se trata de una actividad relativamente nueva en Argentina, pero con un largo recorrido en otros países, donde desde hace más de 20 años se desarrolla de manera industrial y con múltiples aplicaciones. En la provincia, el debate avanza acompañado por iniciativas privadas, ensayos productivos y un fuerte componente educativo ante el desconocimiento generalizado de la población.
Juan Montilla, agricultor dedicado a la producción de cannabis y cáñamo, explicó a Diario San Rafael y FM Vos 94.5 que “en Estados Unidos, en Europa y en China, el cultivo de cáñamo ya tiene un desarrollo de más de 20 años. Es una novedad, pero es una novedad acá en Argentina, porque nosotros recién estamos abriendo la ley a eso”. En ese sentido, remarcó que la planta de cannabis presenta distintas posibilidades de aprovechamiento según la cepa y el destino productivo.
“El cannabis tiene una parte medicinal, que es la inflorescencia y la producción de cannabinoides, pero dentro de la misma ley de cannabis y de cáñamo hay una amplitud muy grande de distintas industrias, que al día de hoy a nivel mundial mueven miles de millones de dólares”, detalló. Montilla señaló que, si bien el uso recreativo es el más conocido socialmente, no es el de mayor volumen económico: “Hay una parte del cannabis que es alimenticia y hay una parte que es textil, y ahí es donde entran las industrias más grandes, con volúmenes muchísimo más grandes que lo medicinal o lo recreativo”.
Desde el punto de vista botánico, aclaró que no se trata de plantas diferentes. “Siempre cuando hablamos de cáñamo o de cannabis estamos hablando de la misma especie, la misma planta, la especie se llama cannabis sativa”, afirmó, y añadió que su amplia adaptación a distintas regiones del mundo permitió el desarrollo de numerosas cepas con usos específicos. “Cuando desarrollamos una planta finita y larga, estamos pensando en aprovechar la fibra para la industria textil. En cambio, cuando usamos cepas con más ramificaciones y flores, hablamos de cannabis medicinal”.

En el caso medicinal, el foco está puesto en los cannabinoides, compuestos químicos responsables de las propiedades terapéuticas. “El THC es psicoactivo, mientras que el CBD, cannabidiol, no es psicoactivo y tiene propiedades anticonvulsivas”, explicó Montilla. Como ejemplo concreto, mencionó que “en Uruguay hay un medicamento que tiene entre el 3 y el 5 por ciento de CBD y las personas con epilepsia refractaria mejoran su calidad de vida al disminuir muchísimo la cantidad de episodios convulsivos”.
Sin embargo, la situación en Argentina es diferente. “Si uno necesita CBD, la única opción que tiene es cultivarlo en la propia casa, con un permiso, una entrevista médica y una receta que indique la planta adecuada para cada patología”, sostuvo. Montilla aclaró que actualmente ya no se dedica a ese segmento, sino a la producción de cáñamo alimenticio, una de las ramas con mayor proyección.
Las semillas de cáñamo, según explicó, poseen un alto valor nutricional. “Son consideradas un súper alimento, no tienen ningún cannabinoide y no están consideradas una droga en ninguna parte del mundo”, afirmó. Además, detalló que “tienen más del 30 por ciento de proteína vegetal y aportan aminoácidos como el omega-3, que hoy se recomienda a gran parte de la población adulta”.
En cuanto a las modalidades de cultivo, Montilla diferenció claramente los sistemas. “El cannabis medicinal se cultiva de manera domiciliaria, con autorización del REPROCANN, con un máximo de 9 plantas”, indicó. En cambio, “la parte alimenticia y la parte textil son cultivos extensivos, muy parecidos a la soja, el maíz o el girasol, que se manejan con máquinas y dependen de zonas con humedad natural”.
En Mendoza, el trabajo se orienta principalmente al desarrollo de semillas adaptadas al clima local. “Acá lo que hacemos es desarrollar semillas para resiembra, para que todas las temporadas haya una semilla adecuada a la zona”, explicó. “Estamos importando aceites, semillas, harina y corazones de semilla de cáñamo desde Estados Unidos, en un intercambio de tecnología y experiencia para ponernos a la altura del mercado mundial”.
Pese al potencial, Montilla reconoció que aún existen importantes desafíos. “En Argentina hay un gran potencial, pero todavía falta mucho trabajo, inversión y estudio”, remarcó. En ese marco, consideró clave la educación del consumidor, especialmente frente a los resultados de encuestas recientes en Mendoza. “Lo que refleja claramente la encuesta es que las personas no conocen prácticamente nada del cáñamo”, señaló.
Finalmente, subrayó que el crecimiento de esta industria depende de un proceso gradual. “Es una industria que ya existe a nivel mundial y que mueve miles de millones de dólares, pero para nosotros todavía es una novedad. En la medida que nos vayamos educando como mercado y como productores, vamos a tener nuevas oportunidades de producción, alimentación y negocio”, concluyó.