El cura Scarlata admitió su relación amorosa con Valeria Cornejo

Carlos Scarlata, el cura sospechado de no auxiliar a Valeria Cornejo a partir de un “coma diabético” que derivó en su muerte en octubre del año pasado, reconoció ante el fiscal Javier Giaroli que mantenía una relación sentimental con la docente y que el 18 de octubre viajó a San Rafael para “pasar unos días” con ella.
El sacerdote se presentó ayer en tribunales, acompañado por el defensor oficial Jorge Vitale. Sin rodeos, le admitió a Giaroli que mantenía una relación con Valeria desde hace varios años y que habían pactado un encuentro entre el 18 y 22 de octubre de 2018. Fue por eso que el religioso le manifestó al fiscal que había viajado desde Buenos Aires hasta nuestro departamento y que incluso Valeria le había dicho a su padre que –durante ese lapso– viajaba a la Ciudad de Mendoza. Solo su amiga y confidente sabía del encuentro con Scarlata.
Scarlata le contó a Giaroli que él pagaba el alquiler de la casa de calle Los Dos Álamos e incluso que había buscado una zona alejada y sin vecinos para evitar que hubiera testigos de dicha relación. Scarlata declaró, durante las dos horas en las que estuvo ante el fiscal, que mientras se dirigía caminando a la casa de Valeria, se cruzó con el padre de la mujer y que le dio la espalda. Esa confesión deja mal parado al cura, ya que si sabía de la posible descompensación de Cornejo, tuvo la posibilidad de comentarle al padre de esa situación y no lo hizo.
Después de escuchar a Scarlata, Giaroli mantiene firme su sospecha de que existió –al menos– una omisión de auxilio. En la causa será clave la pericia sobre el celular de la docente fallecida y el análisis del teléfono de Scarlata, quien debió entregarlo el jueves, un día antes de declarar. El sacerdote se deshizo de todo el contenido que podía comprometerlo, según pudo saber este diario. Sin embargo, existen otras pruebas aportadas por la amiga de Valeria Cornejo que exponen la conducta del sacerdote.
En ese escenario, se cree que –a pesar de haber sabido de la complicación de salud que padecía Cornejo– Scarlata se retiró de nuestro departamento sin reportar lo que estaba sucediendo con la joven, ni al 911 ni a la amiga que sabía de la relación, y a la que recién le expuso lo sucedido después de conocida la muerte de Cornejo.
Scarlata era la única que persona que podía asistir a Valeria o, al menos, avisar de la situación que estaba atravesando la mujer y que después le costó la vida. La docente padecía diabetes y lupus y, de acuerdo con pruebas que han sido incorporadas a la causa, Scarlata sabía que su amante había sufrido un “coma diabético”, lo que no comunicó en su arribo a San Rafael y recién lo hizo cuando supo que Valeria había fallecido.
La necropsia practicada en el Cuerpo Médico Forense determinó que Cornejo sufrió una hipoglucemia. No se sabe, a ciencia cierta, cuándo se produjo el deceso, dato que pone entre las cuerdas a Scarlata y a la aseveración, por parte de la amiga de Valeria, la denunciante, respecto a que pudo haberla auxiliado y no lo hizo para mantener oculta la relación amorosa que los unía.

El costo penal
Carlos Scarlata no irá preso por su conducta frente a la situación que padeció Valeria Cornejo, tampoco ha sido imputado por el delito “omisión de auxilio”, que prevé una leve sanción económica: multa que va de los 750 a 12.000 pesos. Sin embargo, seguirá ligado a la investigación que lleva adelante Giaroli, en la que será clave el examen al teléfono celular de Valeria Cornejo.
En principio, el cura permanecerá en San Rafael hasta el 18 de enero, mientras avanza el proceso penal en la Fiscalía de Instrucción Nº 2.

El costo religioso
Además del proceso penal por el que tuvo que declarar ante el fiscal Javier Giaroli, después de haber admitido su relación con la docente Valeria Cornejo, el sacerdote Scarlata ahora deberá responder ante la Iglesia por haber incumplido con una de sus obligaciones.
El Código de Derecho Canónico establece, en su artículo 277, que “los clérigos están obligados a observar una continencia perfecta y perpetua por el Reino de los cielos y, por tanto, quedan sujetos a guardar el celibato, que es un don peculiar de Dios mediante el cual los ministros sagrados pueden unirse más fácilmente a Cristo con un corazón entero y dedicarse con mayor libertad al servicio de Dios y de los hombres”.
En el segundo apartado del mismo artículo, indica que “los clérigos han de tener la debida prudencia en relación con aquellas personas cuyo trato puede poner en peligro su obligación de guardar la continencia o ser causa de escándalo para los fieles”.
Y finalmente señala que “corresponde al Obispo diocesano establecer normas más concretas sobre esta materia y emitir un juicio en casos particulares sobre el cumplimiento de esta obligación”.
Dentro de las sanciones previstas por el Derecho Canónico se encuentran el entredicho, que es la censura eclesiástica que prohíbe el uso de bienes espirituales, la excomunión, censura o pena medicinal por la que se excluye, al implicado en algún delito, de la comunión con la Iglesia y/o la suspensión, que es la censura por la cual se prohíbe a un clérigo, conservando su estado clerical, realizar las actividades propias de su condición, potestad u oficio. No afecta por tanto a la recepción de los sacramentos, sino al ejercicio del ministerio o el oficio.