El desafío de una libertad de prensa responsable

Son tiempos muy especiales para el periodismo y para la libertad de prensa. Nadie podría discutir, en el seno de una sociedad moderna, la importancia de una prensa libre, pluralista y ética, ya que ello es un componente esencial de toda sociedad democrática.
La información es, desde siempre, un derecho humano, pero hoy como nunca debería ser observada como un bien público y quienes intentamos ejercer la prensa de la mejor manera deberíamos seguir pugnando para avanzar en la transparencia y el empoderamiento de nuestro público. El escenario no es sencillo ya que lo que para unos es verdad absoluta, para otros hay una vereda opuesta con su propia verdad absoluta. Entre ambas posiciones, los medios y periodistas tenemos dos alternativas: publicar lo que un sector quiere escuchar, ver, leer, sin que importe demasiado el grado de cercanía con la verdad que se ofrece o dar cabida a la mayor cantidad de voces, de miradas, de interpretaciones, con una mejor y mayor administración de la información para que ninguna quede afuera.
Lo mejor que podemos hacer quienes ejercemos este oficio es intentar, al menos, acercarnos a la verdad, aún a sabiendas de que no habrá verdad absoluta, sino la relativa interpretación de quien habla o escribe. Estos tiempos nos obligan a extremar nuestra capacidad de análisis, de evaluación de datos y fuentes, para no caer en alguno de los extremos ya mencionados.
Como en cada actividad humana, el periodismo requiere de responsabilidad por parte de quienes lo ejercemos y de las sociedades que requieren nuestra tarea. En ese sentido, la ley, la ética y el respeto por quienes consumen nuestro trabajo nos imponen ciertos límites que no deberían ser cruzados. Esa es la parte que nos toca en medio de sociedades donde al resto de sus integrantes le corresponde exigir medios honestos y ecuánimes, y mantenerse atentos y abiertos a todas las visiones para no caer en el pernicioso sesgo de confirmación. He allí un acercamiento a la verdad.