Federico del Carpio, Prof. y Lic. en Ciencias de la Educación (UBA) y coordinador de políticas educativas de la ONG Argentinos por la Educación, analizó el impacto de la drástica caída en la tasa de natalidad en el sistema escolar. Según el informe «Presente y futuro en la cantidad de alumnos por docente y por grado», se espera una disminución del 27% en la matrícula de nivel primario para el final de la década. Mendoza es la quinta provincia más afectada por este fenómeno que obliga a repensar la infraestructura, la labor docente y la eficiencia del gasto público.
La transición demográfica golpea la puerta de las escuelas
El cambio en la composición de la población no es una proyección lejana, sino una realidad que ya se percibe en las salas de nivel inicial y que se trasladará masivamente a la primaria en los próximos cuatro años. «Estamos viviendo una transición demográfica que afecta a todo el mundo y la Argentina no es la excepción. Lo que vemos es que para el 2030 esperamos una caída del 27% de estudiantes para el nivel primario; esto es, más o menos, un millón doscientos mil alumnos menos. En el caso de Mendoza, es la quinta provincia más afectada con una caída estimada de 54 mil alumnos», anunció Federico del Carpio en la emisora radial FM Vos 94.5.
«Es una invitación urgente a los ministerios de educación y a los planificadores para que esto no nos tome por sorpresa, porque ya es un hecho: hace unos años nacían 600.000 niños por año en el país, hoy nacen menos de 500.000», precisó.
Aulas móviles y nuevas dinámicas de grupo
La menor cantidad de niños transformará radicalmente la fisonomía de las escuelas. Espacios que hoy sufren el hacinamiento pasarán a tener bancos vacíos, lo que requiere una adaptación física y pedagógica inmediata. «Hoy el 40% de nuestras aulas tiene más de 25 alumnos. Para el 2030, esa cifra caerá drásticamente: solo el 4% de las aulas tendrá esa cantidad de estudiantes. Esto va a cambiar muchísimo la configuración y las dinámicas docentes», analizó el coordinador de políticas educativas de Argentinos por la Educación.
Luego, coincidió en que distintas jurisdicciones ya proyectan «aulas móviles» que puedan desmontarse o trasladarse, porque saben que en pocos años ese establecimiento no necesitará tanta infraestructura. «El peor escenario sería que no hiciéramos nada y mantuviéramos las dinámicas actuales frente a una realidad completamente distinta», comentó al respecto.

Eficiencia y calidad: ¿Qué hacer con el excedente de recursos?
La caída en la matrícula abre una oportunidad histórica: mejorar la calidad educativa sin necesidad de aumentar el presupuesto actual, simplemente reorganizando los recursos humanos y técnicos disponibles. «Con la misma inversión que hoy se tiene, se pueden hacer cosas muy importantes para mejorar los resultados de aprendizaje. Una opción es unificar cursos que tengan pocos alumnos y utilizar al docente que queda ‘disponible’ para acompañar trayectorias dificultosas», propuso del Carpio.
«Tenemos problemas graves de comprensión lectora; más de la mitad de los chicos en Argentina no comprenden lo que leen. Ese docente puede ser parte de una ‘pareja pedagógica’, ayudando a los chicos más rezagados o colaborando con docentes que recién se inician en la planificación y corrección. Es la oportunidad de utilizar a los más experimentados para retroalimentar el sistema», resaltó.
El dilema del futuro docente y la eficiencia del sistema
La caída de la matrícula no solo afecta a los alumnos, sino que pone en jaque la estabilidad y el atractivo de la carrera docente en un momento donde la vocación ya se encuentra debilitada a nivel global. «Existe un contexto mundial de caída en el interés por la docencia y Argentina no es ajena a esto. Cada vez hay menos personas que desean ingresar a la carrera. Esto, sumado a la baja de alumnos, es algo que las jurisdicciones deben pensar seriamente: ¿Qué hacemos con aquellos que hoy están egresando de los institutos de formación y ven cuestionado su futuro laboral?», planteó el referente de la ONG.
«Es un desafío de planificación que debe equilibrar la oferta de nuevos profesionales con una demanda que, por una cuestión biológica y demográfica, va a ser mucho menor», añadió.
Una estadística que urge revertir
Para Federico del Carpio, la oportunidad de tener aulas menos pobladas debe ser el motor para mejorar los preocupantes índices de terminalidad y aprendizaje que arrastra el país desde hace décadas. «La reorganización del sistema debe apuntar directamente a revertir estadísticas que hoy son dolorosas. Actualmente, de cada 100 chicos que empiezan primer grado en Argentina, solo 10 llegan al último año de la secundaria a tiempo y con los conocimientos suficientes en lengua y matemática», alertó Federico del Carpio.
«Tenemos desafíos pedagógicos enormes, especialmente en la comprensión lectora de los más chicos. Si aprovechamos la posibilidad de tener docentes disponibles para un acompañamiento más personalizado, este cambio demográfico podría ser, paradójicamente, la clave para elevar la calidad de nuestra educación», concluyó.







