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El desafío previsional del monotributo: aportes un 90% por debajo del costo real y la tendencia hacia la jubilación mínima

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El sistema previsional argentino enfrenta un debate estructural en torno a la sustentabilidad de sus ingresos y la futura tasa de sustitución de los trabajadores independientes. Mientras que el régimen general para empleados en relación de dependencia calcula el haber inicial sobre el promedio de las últimas 120 remuneraciones, la normativa vigente estipula que los períodos aportados bajo el régimen simplificado de monotributo se computan sobre una renta de referencia equivalente al salario mínimo o al haber mínimo previsional. Esta configuración reglamentaria, sumada a la baja densidad impositiva de las primeras escalas del escalafón, empuja a la gran mayoría de los trabajadores independientes a percibir el piso de ingresos del sistema al momento del retiro.

Carlos Gallo, especialista en seguridad social y exjefe regional de ANSES en Cuyo, analizó las asimetrías de financiamiento del esquema de reparto, las distorsiones en los historiales laborales y las presiones de organismos internacionales en el actual escenario de precarización del empleo formal.

La brecha de financiamiento: de las categorías fijas a la presunción de renta

La diferencia en la naturaleza del aporte entre un empleado registrado, un autónomo y un monotributista define la sustentabilidad del fondo solidario de reparto. «Lo primero que hay que tener en cuenta es que la jubilación, desde su concepto más primitivo, viene a ser el ingreso que reemplaza al salario de la etapa en actividad para permitirle a una persona sostener su vida. Tanto en el sistema de reparto vigente en Argentina como en los modelos de capitalización, la relación entre el aporte y el haber jubilatorio es directa. En el trabajo en relación de dependencia, el aporte personal del 11% se complementa con una contribución patronal que promedia el 16% del salario. En cambio, en los autónomos y monotributistas es el propio trabajador quien financia la totalidad de su cuota mensual para acceder al derecho previsional», expuso Carlos Gallo en diálogo con FM Vos 94.5.

«En el monotributo rige un esquema de categorías fijas de la A a la K. En la categoría A, el aporte previsional mínimo actual es de 15.000 pesos, un valor que se encuentra extremadamente lejano del costo de un haber jubilatorio, incluso del mínimo. En el otro extremo, la categoría K exige un aporte de 135.262 pesos. Los montos de las primeras escalas son muy bajos y recién despegan con valores más elevados en las categorías I, J y K. Por su parte, los trabajadores autónomos —responsables inscriptos— operan bajo un sistema diferente: no aportan sumas fijas abstractas, sino que tienen asignada una renta de referencia que presume su nivel de facturación. Es un mecanismo mucho más similar al empleo registrado, donde se aplica un porcentaje directo sobre un ingreso determinado», comentó.

Carlos Gallo, especialista en seguridad social y exjefe regional de ANSES en Cuyo, analizó las asimetrías de financiamiento del esquema de reparto

El cálculo del haber y la desaparición del aportante puro

Las lagunas previsionales y la alternancia entre la formalidad laboral y el cuentapropismo dificultan la proyección del ingreso pasivo de los ciudadanos. «Para el régimen general de relación de dependencia, el cálculo de las jubilaciones se realiza en base a las últimas 120 remuneraciones, tomando los últimos 10 años porque históricamente el trabajador ascendía en su carrera y se jubilaba con sus mejores sueldos. En el caso de los monotributistas, al aportar una suma fija sin una renta de referencia salarial, la normativa previsional estipula que ese tiempo se computa como equivalente al haber mínimo vigente. Esto determina que, en la práctica, la gran mayoría de las categorías del monotributo terminen accediendo indefectiblemente a una jubilación mínima. Predecir el haber exacto es muy complejo porque el historial de los argentinos es diverso; casi no existe el monotributista puro que aportó 30 años en la misma categoría, ni el empleado que permaneció siempre en el mismo puesto formal», explicó Gallo.

«El cálculo en el régimen general es complejo y la tasa de sustitución actual —lo que se cobra en pasividad respecto a la actividad— ronda el 55% o 60% para un empleado de comercio o bancario, a diferencia de regímenes especiales como docentes o jueces que perciben un 82% móvil directo del último año. Si analizamos la sustentabilidad, la discusión global indica que se necesitan cuatro trabajadores activos aportantes en relación de dependencia para cubrir los fondos de un jubilado. Si trasladamos esa ecuación matemática al monotributo, debido al bajo valor de su cuota previsional, se requerirían entre 24 y 28 monotributistas activos para financiar una sola jubilación mínima. Es indispensable encontrar un equilibrio entre los haberes y la sustentabilidad; si se aspira a mejorar el sistema previsional sin optimizar la recaudación, el objetivo es inalcanzable», planteó.

La encrucijada oficial: presiones del FMI y el monotributo como red de contención social

El crecimiento del empleo independiente actúa como amortiguador ante la contracción de los puestos de trabajo registrados en los sectores comerciales e industriales. «En sus últimos informes, el Fondo Monetario Internacional hace foco en reformas estructurales específicas. Tras los cambios laborales iniciales plasmados en la Ley de Bases, el organismo insiste en la reforma impositiva y la previsional. En el plano tributario, advierten que el monotributo aporta fondos insuficientes. Sin embargo, el FMI no busca mejorar la recaudación genuina del sistema previsional para elevar los haberes, sino lisa y llanamente disminuir el gasto público. Traducido a palabras claras: su lineamiento no es ingresar más dinero para pagar mejores prestaciones, sino bajar el valor de las jubilaciones existentes o eliminar de cuajo determinadas coberturas previsionales», advirtió el experto.

«El gobierno se encuentra atrapado entre la espada y la pared frente a estas exigencias. En el contexto socioeconómico actual, signado por la destrucción de empleo en la industria y el comercio, el trabajo registrado viene cayendo de manera permanente. Cuando un trabajador pierde su puesto formal en Argentina no se queda de brazos cruzados: sale a la calle y busca el sustento de manera independiente. En este escenario, la única herramienta accesible que le queda disponible para mantener un aporte previsional, contar con una obra social y asegurar la cobertura de salud de su familia es inscribirse en el monotributo. Modificar severamente este régimen bajo las recetas del Fondo implicaría desmantelar la última red de contención formal que le queda a un amplio sector de la población activa», enfatizó Carlos Gallo al cierre de la comunicación.

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