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El Director de Agricultura destacó el potencial de la hidroponía y defendió la reconversión productiva en Mendoza

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El director de Agricultura de Mendoza, Alfredo Draque, explicó los objetivos del nuevo clúster de hidroponía impulsado por la Provincia y aseguró que este sistema productivo representa una oportunidad para diversificar la matriz agrícola, ahorrar agua y abastecer mercados cuya demanda se encuentra en crecimiento.

El funcionario también analizó la situación de la vitivinicultura y defendió los programas de reconversión y financiamiento productivo.

Un sistema que permite ahorrar hasta un 80% de agua

Draque explicó que la hidroponía es un método de producción en el que las plantas crecen sin utilizar tierra. En su lugar, se desarrollan en una solución acuosa que contiene todos los nutrientes necesarios.

“La hidroponía se basa en un concepto de cultivos sin suelo. Una plántula se hace crecer en una solución acuosa que tiene los nutrientes necesarios para que se desarrolle completamente”, detalló.

Una de las principales ventajas del sistema es su eficiencia hídrica, un aspecto particularmente importante para Mendoza.

“Es un sistema cerrado de agua, un circuito que se va retroalimentando. El agua se recicla en forma permanente y también circulan los nutrientes. Comparativamente con un cultivo en suelo, se ahorra entre el 70 y el 80% del agua”, destacó el director de Agricultura.

La producción se realiza bajo cubierta, principalmente dentro de invernaderos. Dependiendo de la tecnología utilizada, las plantas pueden colocarse en planchas flotantes sobre piletas o en tubos por los que circula la solución nutritiva.

Draque señaló que algunos consumidores ya encuentran estos productos en verdulerías, especialmente diferentes variedades de lechuga y otras hortalizas de hoja que se comercializan con sus raíces.

“El consumidor está comiendo una planta viva. Puede colocarla en su casa en un recipiente con agua e ir sacándole las hojas. La planta sigue viva y creciendo, a diferencia de un vegetal cortado que ya inicia su proceso de senescencia y dura mucho menos”, explicó.

El objetivo del clúster

El funcionario sostuvo que la demanda de productos hidropónicos aumentó especialmente en grandes centros de consumo de la Patagonia y en diferentes zonas de Buenos Aires y Córdoba.

El clúster pretende reunir a productores, proveedores de tecnología e insumos, constructores de invernaderos y responsables de la comercialización. Aunque las hortalizas de hoja son uno de sus principales componentes, el sistema también se emplea para producir tomates y forraje destinado a la alimentación animal.

“El clúster une a todos estos productores de hidroponía, pero también a los proveedores de materiales e insumos, a quienes construyen los viveros y a los comercializadores de los productos. En un mismo grupo tenemos toda la cadena”, indicó.

Según Draque, una organización de estas características permitirá incrementar la escala, consolidar la oferta mendocina y detectar con mayor precisión las necesidades de los productores.

“Esto hace que podamos ofrecer como Mendoza un volumen mayor, estar más organizados y ser mucho más eficientes con la ayuda y las líneas de financiamiento”, afirmó.

Además, remarcó la importancia del trabajo asociativo para incorporar tecnología y evitar que quienes recién comienzan repitan errores cometidos anteriormente por otros productores.

“Fomentamos desde el Gobierno la interacción entre productores porque creemos y sostenemos que nadie se salva solo. Estos sistemas son totalmente colaborativos y permiten que la curva de aprendizaje sea mucho más rápida”, manifestó.

Alfredo Draque

La rentabilidad vitivinícola

Durante la entrevista también se produjo un intercambio sobre las dificultades que enfrentan los pequeños productores vitivinícolas, especialmente en el oasis sur.

Draque consideró que no se puede analizar la rentabilidad de manera general, debido a que depende del rendimiento de cada finca, la variedad cultivada, el destino de la uva y el nivel tecnológico alcanzado.

“Cuando hablamos de productividad y de tipo de producción, una cosa es la uva de mesa, otra la uva para mosto, otra la uva fina y otra los varietales”, diferenció.

Como ejemplo, indicó que un viñedo de uva criolla con una producción de 100 quintales por hectárea difícilmente pueda cubrir sus costos, mientras que uno que alcance entre 350 y 400 quintales presenta una ecuación económica diferente.

“Hay productores que están en esa situación y estoy de acuerdo, pero también hay productores a los que les va bien y no pierden plata”, afirmó.

Para Draque, parte de la crisis vitivinícola está relacionada con la caída internacional del consumo de vino y con los cambios experimentados por el mercado argentino.

“El consumo de vino a nivel mundial ha ido cayendo. No solamente pasa en Argentina; sucede con productores europeos, chilenos y norteamericanos”, señaló.

También explicó que la estabilización macroeconómica modificó el comportamiento de los grandes centros de comercialización.

“Antes se sobrestockeaban porque la plata no valía nada y compraban cualquier cosa. Hoy la lógica es completamente diferente: se compra lo que se vende, nada más”, sostuvo.

Reconversión y modelos productivos rentables

Frente a la pérdida de rentabilidad de algunas explotaciones, el director de Agricultura defendió la estrategia provincial de promover modelos productivos adaptados a cada región.

“Para cada uno de los cultivos tenemos un modelo productivo rentable. Si un productor quiere hacer ciruela en el sur, tiene que realizarla con determinada variedad, de determinada manera y con un manejo que le permita obtener rentabilidad”, aseguró.

Draque aclaró que la reconversión no significa necesariamente abandonar la vitivinicultura. Los productores pueden continuar con la vid, pero deben recuperar plantas, mejorar el riego, fertilizar y alcanzar rendimientos que permitan sostener económicamente la actividad.

“Si usted tiene un 60% de fallas o estuvo durante muchos años sin fertilizar y sin mejorar su cultivo, va a tener que avanzar hacia un sistema productivo rentable, con buen riego, buenas plantas y un manejo adecuado”, expresó.

En ese sentido, recordó que existen líneas provinciales y convenios con el Banco Nación destinados a financiar inversiones y mejoras tecnológicas.

“No se le va a prestar plata a un productor para poner malla antigranizo en un viñedo de uva criolla que produce 100 quintales por hectárea, porque no lo estaríamos ayudando: le estaríamos tirando un ancla para que se funda más rápido”, graficó.

Según explicó, la asistencia debe orientarse hacia proyectos que tengan posibilidades concretas de devolver la inversión.

“Nosotros queremos que los productores ganen plata, pero no van a resolver sus problemas generando artificialmente una distorsión del mercado”, manifestó.

Draque también señaló que quienes soliciten créditos deben contar con documentación, capacidad de devolución y una explotación formalizada.

“La plata que aporta la provincia a través de los impuestos hay que preservarla. Después, los demás productores no van a contar con esos recursos si algunos no los devuelven”, advirtió.

La lucha antigranizo y el aporte de tres aviones

Consultado por el futuro de la lucha antigranizo en el sur provincial, Draque aclaró que el tema corresponde específicamente a la Dirección de Contingencias Climáticas, encabezada por Julio Eluani.

De todas maneras, destacó que el Gobierno mendocino puso tres aeronaves a disposición de San Rafael y General Alvear para acompañar la continuidad del sistema.

“El Gobierno de Mendoza apoya fuertemente con tres aeronaves. Cuando uno dice que son tres aviones, tiene que considerar que el costo es enorme. Los municipios de General Alvear y San Rafael no pueden afrontar ese costo y la Provincia los está poniendo a disposición”, subrayó.

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