El doctor Favaloro, otra muestra de la argentinidad

El viernes último se cumplió el 96° aniversario del nacimiento del doctor René Favaloro, el famoso cardiocirujano reconocido en el mundo entero por ser el creador de la técnica del bypass, que representa hoy el 30% de las operaciones cardíacas.
Nacido en La Plata, fue un neto producto de la educación pública. Graduado en 1949 de la Universidad de La Plata, pasó los primeros 12 años de su carrera como médico rural en la comunidad agrícola pampeana de Jacinto Arauz, donde construyó un quirófano, formó a sus enfermeras, estableció un banco de sangre y educó a los pacientes sobre cómo prevenir enfermedades comunes.
En 1962, su fruición por el conocimiento lo llevó a especializarse en la Cleveland Clinic, en Estados Unidos. Allí, el 9 de mayo de 1967 operó a una mujer de 51 años con un bloqueo en la arteria coronaria aplicando su procedimiento: a través de una vena de la pierna podría redirigir el flujo de sanguíneo alrededor de la obstrucción. La intervención fue un éxito y, desde entonces, su hallazgo salvó una innumerable cantidad de vidas en todo el mundo.
Aclamado a nivel mundial, en 1971 regresó a la Argentina a crear un centro para la atención de esas patologías y cuatro años después concretó la Fundación Favaloro, clínica que hoy atiende a miles de pacientes por año y forma a otros tantos profesionales de la salud.
Hacia el año 2000, con Argentina sumergida en una crisis económica y política, el PAMI y otras obras sociales le debían más de 18 millones de dólares a la Fundación. El 29 de julio de 2000 el fatigado científico se quitó la vida de un disparo –vaya paradoja– en el corazón.
El doctor Favaloro es uno de los tantos argentinos valiosos que fueron y son vilipendiados, ninguneados, no reconocidos por sus enormes méritos. No hubo respuestas oficiales cuando pedía que le pagaran, como tampoco las hay cuando un joven brillante se tiene que radicar en el exterior o cuando a los médicos de las salas de guardia de los hospitales les sobra miedo y les faltan insumos. Favaloro sigue siendo una metáfora de lo que somos como país.