El espejismo del extractivismo y la realidad del desamparo

La impactante advertencia lanzada por el intendente de Añelo, Fernando Banderet, el corazón geográfico y logístico de Vaca Muerta, opera como una violenta ráfaga de realismo sobre la mitología del extractivismo energético en la Argentina. «No se vengan con la familia», imploró el jefe comunal ante la saturación absoluta de las escuelas y el sistema sanitario de su localidad, desbordados por un flujo migratorio interno desesperado por alcanzar las supuestas promesas de prosperidad del enclave petrolero.
El grito de alerta no representa un hecho aislado; es la radiografía exacta del fracaso de un modelo de desarrollo que confunde deliberadamente el crecimiento de los balances corporativos con el bienestar de las comunidades que habitan el territorio.
Durante años, el relato oficial y los grandes conglomerados mediáticos construyeron en torno a Vaca Muerta la fantasía de una panacea salvadora, capaz de rescatar a la nación de sus crónicos males económicos mediante la explotación de los recursos naturales. Sin embargo, cuando se descorre el velo de la propaganda macroeconómica, lo que emerge en el llano es la consolidación de la Argentina dual en su máxima expresión. Mientras los pozos baten récords de producción y las operadoras multinacionales blindan sus ganancias bajo regímenes especiales de incentivos, los pueblos que sostienen la logística de la extracción colapsan bajo el peso de la marginalidad, la falta de infraestructura básica y la desatención estatal.
La paradoja de Añelo es brutal y pedagógica: la localidad que flota sobre la segunda reserva mundial de gas no convencional y la cuarta de petróleo padece la paradoja de ver sus servicios públicos esenciales completamente saturados. Las escuelas quedan superpobladas, obligando al asistencialismo de emergencia, y las guardias médicas resultan insuficientes para absorber la demanda de una población flotante que llega al norte patagónico expulsada por la falta de oportunidades en sus provincias de origen. Este fenómeno demuestra que el extractivismo carece del declamado y casi nunca concretado “efecto derrame” y que, por el contrario, genera burbujas inflacionarias locales que encarecen el costo de vida a niveles prohibitivos para los trabajadores comunes y pauperizan las condiciones habitacionales.
Este espejo neuquino proyecta sombras directas sobre el debate que hoy tensiona a Mendoza en torno al perfil de su matriz productiva. El avance de proyectos de corte netamente extractivista se promociona con la misma retórica mesiánica que hoy muestra sus costuras rotas en la Patagonia. La ilusión de que la entrega de recursos naturales a grandes corporaciones transnacionales se traduce de forma automática en un shock de empleo y prosperidad generalizada queda desmentida por la tozuda realidad del territorio. Si las riquezas del subsuelo se administran bajo una lógica meramente fiscalista y de enclave, el resultado invariable es el enriquecimiento de las matrices concentradas y el empobrecimiento estructural de las economías regionales.
La confesión de desamparo del intendente de Añelo debe servir como una lección urgente: una patria no se edifica rematando sus entrañas al capital transnacional mientras se condena a sus comunidades a la intemperie de la exclusión.