El fracking llega a Mendoza

Finalmente, y después de muchas discusiones (algunas de las cuales seguramente continuarán), el Gobierno Provincial reglamentó la explotación de hidrocarburos no convencionales a través de la fractura hidráulica, más conocida como fracking. El decreto 248, que fue publicado ayer en el Boletín Oficial, detalla que la autoridad de aplicación será la Secretaría de Ambiente y Ordenamiento Territorial y establece que todos estos proyectos deberán pasar por una evaluación ambiental, y adoptar un sistema cerrado de procesamiento de fluidos.
El fracking es una técnica que consiste en perforar el subsuelo e inyectar fluidos (agua y arena, entre otros) a alta presión, para así propiciar la aparición de caminos que liberen el gas y el petróleo cautivo en las piedras. Esta modalidad presupone dos posturas que, paradójicamente, se hicieron evidentes en el pensamiento del “padre” del fracking: el texano George Mitchell. En la década del ’80 Mitchell provocó una revolución en el mundo energético al comenzar a utilizar esta técnica que venía a reemplazar a los métodos tradicionales y que le supuso una ganancia de casi 3.500 millones de dólares. Sin embargo, con el correr del tiempo, el mismo Mitchell se mostró muy preocupado por el impacto medioambiental que esas maniobras suponían. De hecho, esta circunstancia es referida entre los especialistas como “la paradoja Mitchell”.
La doble cara de la moneda se replica en Mendoza desde hace tiempo: aquellos que defienden y propugnan los beneficios económicos de esa explotación, y quienes temen por las consecuencias negativas de la misma (posible contaminación del subsuelo, riesgo de inducción de sismos o la ingente utilización de agua).
Conciliar estas dos facetas quizás sea el mayor desafío del proyecto mendocino. En cualquier caso, lo que está muy claro es que para llevar a cabo esta actividad –que podría redundar en beneficios para la economía provincial (eso está por verse)- tendrá que ser de una forma responsable con el ambiente y la comunidad.