El distrito de Real del Padre fue escenario de un desastre natural que sus habitantes nunca antes habían experimentado. Una tormenta de una magnitud inesperada arrasó con estructuras, cultivos y propiedades en cuestión de minutos. Juan Cazorla, propietario de Transportes Anita, fue una de las muchas víctimas que sintieron en carne propia la fuerza de un fenómeno que dejó huellas imborrables. “Lo que vivimos fue una catástrofe. Nadie en el distrito estaba preparado para algo de esta magnitud”, dijo a Diario San Rafael y FM Vos 94.5 Cazorla, cuya vida y trabajo quedaron severamente afectados.
El galpón de Cazorla, una estructura de 800 metros cuadrados diseñada para resguardar camiones, quedó completamente destruido. “No era un galpón improvisado. Estaba bien construido, con las estructuras necesarias, pero la tormenta lo retorció como si fuera papel. Arrancó varillas, volaron chapas a cientos de metros. Es algo que no se puede describir”, relató con evidente desazón.
Las imágenes del lugar muestran un panorama desolador. Las cabreadas y la estructura metálica, calculadas para resistir fuertes vientos, no pudieron soportar la furia del clima. “Los galpones se diseñan considerando la presión del viento, pero esto fue algo descomunal. No hay cálculo que pueda prever un desastre así”, explicó Cazorla.
El impacto no se limitó a las instalaciones de Transportes Anita. Su familia también sufrió grandes pérdidas. “Mi yerno tenía cámaras frigoríficas, y una de ellas fue completamente destrozada. Las placas fueron arrancadas, es algo tremendo, inimaginable”, comentó.
A nivel agrícola, el panorama es igualmente sombrío. “Somos productores. Tenemos fincas que quedaron peladas. Algunas plantaciones van a tener que ser arrancadas porque no tienen solución”, explicó Cazorla. Este desastre afecta no solo la cosecha actual, sino también las próximas temporadas. “La mayoría de las plantas que sobrevivan no producirán como antes. Es una pérdida que se siente en todos los niveles”, agregó.
En el galpón afectado se encontraban varios camiones, aunque los daños a estos no fueron tan graves como se temía. “Algunos techos abollados, vidrios rotos, espejos y barandas dañadas. Dentro de todo, lo de los camiones es lo menos grave”, señaló Cazorla. Sin embargo, el impacto económico general es significativo. “Todo esto representa años de trabajo y sacrificio que, en media hora, quedaron destruidos”, reflexionó.
El desastre también generó una movilización inmediata por parte de las autoridades locales. “Ayer (por el martes) hubo una reunión con el Intendente, el Ministro de Producción, Defensa Civil y representantes de la empresa proveedora de energía. Se está trabajando para atender las prioridades más urgentes, y luego se buscarán soluciones para el sector productivo”, comentó.
El testimonio de Cazorla refleja un sentir colectivo en Real del Padre. “Mi padre tiene noventa años y me dijo que nunca había visto algo semejante. Es una situación muy difícil de enfrentar. Esperamos que las autoridades puedan implementar soluciones, como líneas de crédito accesibles, para que podamos continuar”, expresó con esperanza.
El distrito, que depende casi exclusivamente de la producción agropecuaria, enfrenta ahora un desafío titánico. “Aquí todo gira en torno al campo. Los camiones viajan con lo que se produce en la provincia. Si la producción se detiene, todo se detiene”, explicó Cazorla.
El impacto de la tormenta no es solo económico, sino también emocional. “Lo más difícil es la impotencia. Uno trabaja toda su vida para construir algo, y en media hora todo desaparece. Pero tenemos que seguir adelante. No queda otra”, concluyó.







