El humo de los incendios en Australia llegó a Mendoza

El humo de los incendios que se produjeron en Australia – y que continúan en la actualidad- llegaron al continente sudamericano y a la Argentina. En Mendoza, ya se puede observar el cielo de un color azul más apagado y esto se debe a la presencia de las partículas generadas por el fuego en el país más importante de Oceanía.

Cabe señalar que en otras oportunidades, gracias al viento proveniente de una región afectada, en la provincia se han visto situaciones similares. Baste recordar al volcán Peteróa (Malargüe) que con sus erupciones generó columnas de cenizas que llegaron hasta el norte mendocino e incluso a provincias limítrofes.

Esta vez, por la gravedad de los sucedido en Australia, la ceniza cruzó el océano Pacífico, alcanzando tierras mendocinas. A la fecha, fallecieron 24 personas y hay seis millones de hectáreas arrasadas por las llamas. Además, 480 millones de animales perdieron la vida. Toda una cifra que alarma a la comunidad internacional.

¿Por qué llegó a Mendoza?
El meteorólogo Fernando Jara indicó que la importancia de los incendios, que abarca varias hectáreas de superficie quemada, son uno de los factores más importantes. Además por la circulación atmosférica, que por lo general es de oeste a este.

“Y a niveles altos de atmósfera es aún mayor porque no hay ninguna perturbación en superficie”, aclaró el especialista.

Los incendios comenzaron en octubre de 2019 y se fueron intensificando durante los primeros días de enero.

Respecto de las posibilidades de que la nube de ceniza, que se encuentra a 10 mil metros de altura, continúe y cruce el Océano Atlántico, el meteorólogo aclaró que es poco probable que esto suceda. Por lo tanto no llegaría ni al continente africano ni a Europa.

“Con ese humo suelen darse núcleos de condensación que provocan precipitación con agua. Es decir, favorece la posibilidad de lluvias con estas partículas, de tamaños muy pequeños, donde éstas precipitan, pero no son perceptibles”, aclaró Jara.

Para terminar, dijo que la problemática que la nube traería es prácticamente nula. “Si fuera de volcán sería otro tema, en relación a la aeronavegación. Pero en este caso lo único que hace es reducir la visibilidad a gran altura, para los vuelos internacionales”, detalló.

En este sentido,  Juan Carlos Minetto piloto y miembro del Aeroclub Mendoza, coincidió con el meteorólogo respecto de la visibilidad y explicó otro problema. “La ceniza suele ser abrasiva y en este sentido afecta a las aeronaves. Es muy agresiva para los motores. Pero el principal problema es la visibilidad y los cambios en la proporción de los gases que hay en el aire. Pero no genera turbulencias”, señaló el especialista.

Cielo rojo

En tanto, el Servicio meteorológico nacional (SMN) indicó que la única consecuencia de los incendios a nivel ambiental es un atardecer y un sol un poco más rojizo.

La explicación de la entidad nacional fue divulgada por Twitter.

El cielo de este color tiene que ver con la luz del sol, que en realidad es blanca, y con lo que le pasa en la atmósfera. “El color blanco de la luz está compuesto por la mezcla de todos los colores del espectro visible. Estos colores son los que se ven cuando descomponemos la luz con un prisma”, indicaron desde el SMN.

Además informaron que la dispersión de Rayleigh es la dispersión de la luz visible (o cualquier radiación electromagnética) por partículas que son mucho más pequeñas que la longitud de onda de los fotones dispersados.

“La radiación electromagnética se emite en forma de ondas, y las hay de todas las longitudes posibles. Pero existe un grupo de estas ondas que pertenecen a la luz visible. El violeta tiene la longitud de onda más corta y el rojo la más larga. En el medio están los otros colores”.

De esta manera, cuando la luz blanca ingresa a la atmósfera, encuentra partículas en el aire que absorben algunas de esas ondas y luego emiten otras en todas direcciones. Las ondas que absorben o emiten están relacionadas con el tamaño de las partículas que la luz intercepta en su viaje.

Y agregaron: “los aerosoles y partículas generadas en los incendios, son bastante grandes y dispersan mucho mejor las ondas que corresponden a los colores naranjas y rojos. Es decir, que son esos colores los que llegan a nuestros ojos, y por ese motivo, el cielo se vuelve más rojizo”.

Fuente: Los Andes

Foto: Gentileza Los Andes ( Mariana Villa)