El impacto del aumento en los precios de la carne: la mirada desde Mendoza

El precio de la carne, como uno de los pilares de la mesa argentina, seguirá siendo un tema central en la agenda del consumidor y del productor en los próximos meses. Con un mercado tan condicionado por variables externas, las perspectivas futuras para la industria cárnica argentina parecen depender de una combinación de factores climáticos, económicos y políticos.
El consumo de carne en Argentina, una de las tradiciones más arraigadas del país, enfrenta un nuevo desafío con el reciente aumento del 5 % en algunos cortes. José Rizzo, presidente de la Cámara de Abastecedores de Carne de Mendoza, dialogó en profundidad sobre esta situación y ofreció su análisis de los factores económicos y sociales que están moldeando el mercado.
El incremento en los precios afecta principalmente a los cortes más demandados, como las carnes para asado y las milanesas. “No todos los cortes han subido. Las carnes comunes como el osobuco, la carne a la olla o la picada han mantenido sus valores históricos porque no tienen tanta salida en esta época”, explicó Rizzo a Diario San Rafael y FM Vos 94.5. Según él, la dinámica del mercado responde principalmente a la oferta y la demanda, y esta estacionalidad juega un rol clave en los movimientos de precios.
Consultado sobre si la carne en Argentina cuesta lo que debería, Rizzo ofreció una perspectiva dual: “Desde el punto de vista del consumidor, la carne siempre es cara. Pero, desde el lado del productor, los precios están bajos porque no han acompañado los índices de inflación y los costos para producir son muy altos, entre impuestos, combustible y retenciones”. El reciente ajuste en las retenciones es un tema que genera expectativas, aunque no necesariamente positivas para el consumidor: “Con la baja de retenciones, los frigoríficos tendrán más dinero para comprar el novillo en pie, lo que podría generar un nuevo incremento en los precios en el mostrador”.
Un dato interesante es cómo el consumo de carne ha cambiado a lo largo del tiempo en el país. “Si lo comparamos con 20 o 30 años atrás, el consumo de carne vacuna ha bajado significativamente. En esa época se consumían alrededor de 72 kilos por persona al año, mientras que hoy estamos entre 47 y 48 kilos”, señaló Rizzo. Este cambio no necesariamente implica una disminución en el consumo total de proteínas. “El consumo de pollo ha crecido notablemente, pasando de 18 kilos hace dos o tres décadas a 47 kilos por persona al año. Además, el cerdo también está en aumento. Esto demuestra que las proteínas siguen siendo parte fundamental de la dieta del argentino, aunque los hábitos han cambiado”.
La reciente apertura a la importación de carne de cerdo es otro factor que podría influir en los precios. “La importación beneficia al consumidor porque ayuda a reducir los costos, pero genera problemas para el productor nacional, que enfrenta costos operativos muy elevados y encuentra difícil competir con el exterior”, destacó el especialista.
A pesar de la percepción general, el consumo de carne vacuna aumentó ligeramente en el último año. “Se consumieron tres kilos más por persona respecto al año anterior, pasando de un promedio de entre 42 y 44 kilos a cerca de 47 kilos. Sin embargo, estamos lejos de los niveles históricos”, comentó Rizzo. Este aumento, según explicó, podría estar relacionado con la mayor producción debido a la sequía, que impulsó la disponibilidad de carne en el mercado.
El panorama para los ganaderos no es alentador, en gran parte por los factores climáticos que afectan la producción. “Dependemos mucho del clima. La sequía de los últimos años ha obligado a reducir la cantidad de madres, lo que impactará en la producción de terneros y, por ende, en el número de animales disponibles para engorde”, explicó Rizzo. Este problema estructural, sumado a los desafíos económicos, complica la situación para los productores y genera incertidumbre sobre el futuro de la industria.
Por otro lado, la exportación de carne sigue siendo un factor clave en la configuración del mercado. Según Rizzo, “si se abre la exportación de manera contundente y se reducen las retenciones, los exportadores podrán pagar más por el novillo en pie. Esto afecta directamente al mercado interno, donde los precios aumentan, lo que podría llevar a una caída en el consumo y, en consecuencia, al cierre de negocios”. Esta compleja relación entre la oferta, la demanda y las políticas gubernamentales refleja la fragilidad de un sector que históricamente ha sido fundamental para la economía argentina.
Finalmente, Rizzo destacó que, aunque el panorama no es caótico, sí enfrenta complicaciones importantes. “El equilibrio en el mercado de la carne es muy difícil de mantener. Dependemos de muchos factores, desde el clima hasta la inversión en infraestructura y las políticas económicas. Por ahora, las condiciones no son las ideales y el impacto de las sequías recientes todavía se siente”.