Con cursos especializados, el INTA busca mejorar las competencias técnicas de los trabajadores del sector agropecuario y garantizar un mayor rendimiento en sus labores. La ingeniera Paula Diez, integrante de la entidad de Rama Caída, destacó la importancia de esta capacitación para enfrentar los desafíos presentes y futuros del agro mendocino.
La escasez de mano de obra en el ámbito rural no es un fenómeno reciente, pero en los últimos años se ha agudizado debido a varios factores. “Los jóvenes hoy en día buscan más oportunidades en los centros urbanos, ya sea para estudiar o trabajar, lo que reduce considerablemente la cantidad de personas dispuestas a trabajar en el campo”, explicó Diez a Diario San Rafael y FM Vos 94.5. Esta tendencia, según comentó la ingeniera, se está intensificando a medida que las generaciones más grandes que aún trabajan en el campo van envejeciendo. “A medida que las personas que hoy tienen 60 años sigan cumpliendo más años, llegará un momento en que la falta de mano de obra será aún más crítica”.
En respuesta a esta realidad, el INTA ha decidido lanzar un curso de formación para operarios rurales que, en palabras de Diez, “busca profesionalizar la tarea que estos trabajadores ya están realizando, mejorando no solo su capacidad técnica, sino también su seguridad y bienestar”. Este programa se dirige principalmente a aquellos operarios que ya tienen experiencia en el sector, pero que necesitan actualizar y mejorar sus habilidades. “La idea no es formar mecánicos, pero sí capacitarlos para que puedan identificar fallas básicas en la maquinaria que operan, de modo que puedan seguir trabajando sin depender constantemente de un técnico especializado”, añadió.
El curso, que comenzó a principios de septiembre y se extiende durante cinco semanas, tiene una modalidad teórico-práctica y se dicta en distintos puntos de la región. “Nos reunimos los viernes y sábados por la mañana en diferentes locaciones, dependiendo de los temas que vamos a tratar. Arrancamos en un aula-taller que tenemos en el INTA, donde abordamos toda la parte relacionada con el motor y sus sistemas complementarios. De ahí fuimos pasando por temas como el uso y mantenimiento del suelo, la labranza y las cosechadoras de ciruelas”, detalló Díez. Para algunas de estas capacitaciones, el INTA cuenta con el apoyo de expertos de otras instituciones, como la Universidad Tecnológica Nacional, cuyo aporte ha sido clave en varias de las clases. “El profe de la UTN que nos acompaña ha sido fundamental, ya que tiene un profundo conocimiento en el manejo de cosechadoras de vid y ciruelas”, señaló.
Además de la UTN, otras entidades y empresas del sector han colaborado en la realización de este curso. Diez mencionó a Fecovita y al Ejército Argentino como algunos de los actores involucrados: “Fecovita nos abrió las puertas de sus instalaciones en San Martín para mostrarles a los operarios cómo funcionan las cosechadoras de vid, y el Ejército nos ha proporcionado equipos de forrajes para realizar prácticas en condiciones reales”. Estos vínculos con empresas y otras instituciones no solo enriquecen la oferta educativa del INTA, sino que también facilitan la implementación de estos cursos en todo el territorio.
Una de las claves del éxito de esta capacitación ha sido la selección cuidadosa de los participantes. Debido a la naturaleza intensiva del curso, se optó por un enfoque personalizado. “Tenemos un cupo limitado porque queríamos que el contacto entre los capacitadores y los operarios fuera lo más directo posible. Por eso, en lugar de hacer una convocatoria abierta, nos pusimos en contacto con empresas del sector para que ellas mismas seleccionaran a sus operarios, aquellos que consideraran más adecuados para esta capacitación”, indicó. Hasta el momento, 27 operarios están participando en el curso, y la expectativa es que al finalizar, a comienzos de octubre, todos ellos reciban una certificación avalada por la Universidad Tecnológica Nacional, lo que dará aún más valor a su formación. “Es un respaldo importante para los operarios, ya que contar con una certificación de una universidad como la UTN les abre más puertas en el mercado laboral”, aseguró la ingeniera.
Diez también adelantó que esta capacitación es solo el inicio de una serie de cursos que el INTA planea ofrecer en el futuro, dirigidos tanto a operarios con experiencia como a personas sin conocimientos previos en el sector. “Para el año que viene, estamos planificando cursos sobre la operación de equipos de riego tecnificado, que es una demanda creciente en la región. Además, queremos replicar en Mendoza un curso que ya se está haciendo en otras provincias, orientado a formar tractoristas desde cero”, anticipó. Esta visión de futuro refleja el compromiso del INTA de adaptarse a las necesidades del agro y de continuar fortaleciendo el capital humano de la región.
El apoyo de las empresas ha sido fundamental en este proceso. “El esfuerzo que implica realizar un curso sin costo es grande, por eso necesitábamos que las empresas se comprometieran a mandar operarios que tuvieran la disponibilidad de tiempo necesaria para cumplir con las cinco semanas de capacitación”, detalló. La relación entre el INTA y las empresas no solo se limita a la capacitación de operarios, sino que también incluye ensayos en fincas y colaboraciones en investigaciones, lo que fortalece el vínculo entre el sector público y privado.
Por último, la ingeniera aprovechó para invitar a la comunidad a la Expo INTA, un evento que se llevará a cabo el 18 y 19 de octubre en las instalaciones de Rama Caída. “Es la tercera edición de la Expo y será una gran oportunidad para que empresas, productores e instituciones del sector agropecuario se reúnan y compartan experiencias. Los esperamos a todos”, concluyó.







