El debate sobre los servicios públicos en la Argentina ha dejado de ser una discusión técnica sobre matrices energéticas para convertirse en un capítulo central de la precarización cotidiana. La firme intención del Gobierno nacional de derogar la Ley 27.637, eliminando de cuajo los subsidios por «Zona Fría», representa mucho más que un ajuste fiscal de laboratorio; constituye un ataque directo a la línea de flotación económica de las familias del interior y una preocupante muestra de desconocimiento geográfico y social. Hoy, en la Cámara de Diputados de la Nación, el mileísmo y sus socios políticos buscarán cortar esa ayuda.
Para los habitantes de San Rafael, General Alvear y Malargüe, el subsidio al gas de red no es un privilegio sectorial ni un beneficio discrecional. Los descuentos que oscilan entre el 30% y el 50% en las boletas domiciliarias configuran una red de contención vital frente a una contingencia climática inevitable. En el sur mendocino, calefaccionar el hogar durante los meses de invierno no es una opción de confort, sino una necesidad biológica de subsistencia básica. Pretender homogeneizar los criterios tarifarios bajo la mirada del puerto de Buenos Aires es una muestra de centralismo ciego que castiga con dureza las asimetrías de nuestro territorio.
La quita de este beneficio se proyecta sobre un escenario social ya de por sí devastado por la pulverización del poder adquisitivo, la inflación y la pérdida de empleo. Lejos de afectar a corporaciones o estructuras burocráticas, este recorte impacta de lleno en el presupuesto de la clase trabajadora y de los jubilados, quienes se verán obligados a enfrentar facturas sencillamente impagables o, en el peor de los casos, a privarse de un servicio esencial para la salud humana.
Frente a la inminencia del invierno, la comunidad local y sus representantes institucionales deben encender las alarmas colectivas y exigir el sostenimiento de una ley conquistada con un profundo sentido federal. No se puede ordenar la macroeconomía destruyendo la microeconomía de los hogares, porque una planilla de Excel con las cuentas en cero obtenida a costa del frío y la desprotección de las grandes mayorías no es un logro de gestión; es una derrota moral y comunitaria.







