Ortega fue declarado culpable y cumplirá prisión perpetua

Luego de ocho horas de deliberación, el primer jurado popular en la historia judicial del sur mendocino dictó el veredicto de culpable contra Damián Ortega como autor del asesinato de su ex pareja, la oficial de policía Florencia Peralta.
Los doce jurados entendieron que el acusado es culpable de homicidio agravado por el vínculo y por violencia de género. La pena que le cabe por ese delito es prisión perpetua, de acuerdo al artículo 80 del Código Penal inciso primero y décimo primero.
Los miembros del jurado, ciudadanos que fueron convocados para esta tarea luego de la aprobación de la Ley 1906 de Juicio por Jurados, comenzaron su deliberación a las 12 horas y recién anoche a las 20.34 leyeron su decisión. Luego el fiscal Pablo Peñasco solicitó que se le revocará la libertad y que fuera enviado a la cárcel, moción a la que accedió el juez Jorge Yapur.
En la sentencia 495 Yapur leyó la resolución, que era la única posible, y expresó “disponer la pena de prisión perpetua”.
Apenas escuchado el veredicto del jurado popular, Ortega se agarró la cara con sus manos y comenzó a entregarle sus objetos personales a sus familiares; celular, una cadenita y un anillo.
La última jornada del juicio tuvo en su inicio la lectura de las instrucciones para el jurado, que son una mezcla de normas fijas para todo jurado y una parte consensuada entre el juez y las partes donde se les informó a los doce ciudadanos las distintas posibilidades legales que tenían para encuadrar el hecho, si es que entendían que se podía probar.
Se le recordó al jurado que mientras deliberaban no podían comunicarse con nadie ajeno al jurado, ni mediante teléfono, mail, redes sociales o cualquier medio virtual o digital. Tampoco buscar información a través de medios periodísticos, internet o cualquier otra plataforma. Se remarcó de parte del juez Jorge Yapur que el jurado sólo debía valorar la prueba admitida durante el juicio, juzgar con sentido común basado en las pruebas escuchadas o vistas durante el juicio que empezó el pasado 7 de mayo.

Se les señaló por acuerdo de las partes que lo probado era la muerte y la forma de muerte (estrangulada) de la víctima, que la calza incautada en la causa tenía dos ADN de hombres pero ninguno de ellos era Ortega, que una bombacha negra tenía sólo ADN de la víctima, que en las zapatillas no se logró detectar material genético y que en la tonfa policial había tres rastros de ADN, al menos uno de hombre pero que ninguno de los tres pertenecía ni a la víctima ni al acusado.
En este caso las partes consensuaron seis posibles veredictos para que el jurado, luego de debatirlo entre todos y por unanimidad, eligiera uno de ellos.
Las alternativas fueron: en primer lugar “no culpable”, en caso de que el hecho no se pueda probar de parte de la fiscalía y la querella más allá de toda duda razonable, la segunda opción fue “culpable del delito de homicidio doblemente agravado por el vínculo y por mediar violencia de género”, la tercera “culpable del delito de homicidio agravado por mediar violencia de género”, es decir sin el agravante del vínculo, cuarto “culpable del delito de homicidio agravado por el vínculo”, o sea sin el agravante de la violencia de género; la quinta opción de veredicto fue “culpable del delito de homicidio agravado por el vínculo, mediando circunstancias extraordinarias de atenuación”, y la sexta “culpable del delito de homicidio simple”.

Florencia Peralta tenía 26 años cuando murió el 13 de setiembre de 2016 en su casa de calle Barcala. Fue estrangulada con un cable mientras su pequeño hijo (entonces de 2 años) estaba en la casa. La Policía llegó al lugar pasadas las 11 de la noche, a instancias de un llamado del propio Ortega. En la puerta encontraron el pestillo de un seguro forzado y notaron la falta de una computadora y el teléfono celular de Florencia.
El robo seguido de muerte se descartó rápidamente según la Policía y las miradas se fijaron en su ex. Meses después la activación del celular de Florencia fue el comienzo de una pesadilla para un vendedor ambulante nacido en Guinea que recogió el teléfono de la acequia frente a la Catedral. Barry Gassimou estuvo detenido hasta que finalmente se probó que no tenía nada que ver con el hecho principal.