El naufragio de la (agonizante) clase media
La narrativa de las «dos Argentinas» —aquella donde el consumo masivo se hundía mientras la clase media acomodada seguía comprando— parece chocar contra el muro de la estadística. Los datos del inicio de 2026 confirman que la brecha se cerró, pero hacia abajo. La crisis ya no solo golpea la mesa de los más postergados; ha perforado el «techo de cristal» de los sectores pudientes, revelando un deterioro que, lejos de ser circunstancial, amenaza con instalarse.
Las cifras de enero son un termómetro gélido de esta realidad. El patentamiento de vehículos, histórico refugio de valor y símbolo de estatus, registró 66.080 unidades, lo que representa una caída del 5% interanual respecto a 2025. El rubro de electrodomésticos, que ya venía golpeado, cerró el último trimestre con una facturación de 1,48 billones de pesos; una cifra que, analizada en términos reales por consultoras como Vectorial, supone un retroceso del 18%.
Detrás de este fenómeno no hay misterio, sino una matemática implacable: el nuevo ciclo de atraso del salario real. Ni siquiera el percentil más rico de los asalariados registrados ha logrado recuperar el poder adquisitivo que tenía en noviembre de 2023. De hecho, el salario real del sector privado formal apenas alcanza el 94% de aquel nivel. La aceleración inflacionaria del último trimestre de 2025, con índices que treparon del 2,1% al 2,9% mensual, terminó por devorar las actualizaciones paritarias, dejando una caída real del 2,5% solo en el cierre del año.
Este escenario se agrava por el agotamiento del crédito, que supo ser el motor de la clase media y hoy es una trampa. La morosidad en los créditos familiares saltó de un 2,6% a un alarmante 9,3% en un año. El dato más dramático se observa en los préstamos personales, donde la irregularidad se disparó del 3,3% al 11,9%. Con estos niveles de mora y el miedo latente a perder el empleo, el financiamiento ha dejado de ser una opción de progreso para convertirse en un riesgo inasumible.
Incluso el turismo, ese último bastión del bienestar, ha comenzado a ceder. El turismo emisivo cayó un 8,5% en enero, marcando el primer descenso interanual en catorce meses.
Lo que las cifras de este comienzo de año nos dicen es que el «Escudo» no está protegiendo a nadie. En una economía donde el salario real no para de retroceder desde septiembre, la confianza es un lujo que pocos se pueden permitir. Mientras el crédito siga cayendo y la mora subiendo, el horizonte para la clase media seguirá siendo el de una persistente y dolorosa administración de la escasez.