El nuevo contrato social para cuando la pandemia sea historia

Está claro que la pandemia de Covid-19 permitió visibilizar, entre otras cosas, la injusticia social que se extiende a lo largo y ancho del mundo, profundizada dramáticamente por la radicalización del capitalismo salvaje y del más crudo neoliberalismo en las últimas décadas.
En la mayoría de los países, pero en los subdesarrollados como el nuestro con particular claridad, los sectores poderosos de la sociedad someten a diario a las franjas más vulnerables, la riqueza se concentra en pocas personas y la pobreza se distribuye en altísimos porcentajes de la población. El resultado es tan previsible como injusto: los perjudicados de siempre están excluidos de la posibilidad de participar del circuito de bienes necesarios para la subsistencia y, por tanto, su dignidad y sus derechos humanos se ven irrespetados permanentemente.
La pandemia ha venido a quitarle el velo a una realidad que era un secreto a voces: la inequitativa distribución de recursos y oportunidades ha generado que las desigualdades se tornen estructurales, potenciando la exclusión en niveles escalofriantes. Y si bien todos somos pasibles de contraer la enfermedad, los más desprotegidos –por ser las víctimas del sistema antes descripto- son los más perjudicados.
La crisis global desatada por la pandemia debería otorgarnos la posibilidad de pensar en un orden social más justo y equitativo para cuando esta pase, que contenga las necesidades de todos los sectores. En este nuevo contrato social, ningún sector humano debería quedar afuera y los “siempre olvidados” deberían poder ser protagonistas en ese nuevo diseño. Para ello se requiere que las autoridades tomen la decisión política, los dirigentes sociales (empresarios, sindicalistas, etc.) dejen de lado de sus intereses sectoriales en pos del bien común y los habitantes hagamos nuestro aporte al objetivo. Sin igualdad de oportunidades nunca habrá justicia social. Quizás este sea el momento adecuado para poner en práctica ese imprescindible cambio.