Hay obras que dejan de ser una aspiración regional para convertirse en una necesidad impostergable. El Paso Las Leñas es una de ellas. Y si todavía hacía falta una demostración de su importancia, los 93 días de cierre del Sistema Cristo Redentor -34 de ellos, seguidos-, deberían haber terminado con cualquier discusión sobre la conveniencia de avanzar en una alternativa para conectar Argentina y Chile.
Camiones varados, mercadería que no llega, costos logísticos que se multiplican y actividades económicas sujetas a las condiciones meteorológicas de la cordillera. Ese fue el escenario que volvió a exhibir las debilidades de depender de un corredor que puede quedar interrumpido durante meses. No se trata de cuestionar la importancia del Cristo Redentor, sino de comprender que una economía moderna no puede confiar su conexión internacional a una sola vía.
Sin embargo, llevamos décadas hablando de las ventajas de Las Leñas y aún estamos en veremos. Las reuniones se suceden, las declaraciones se repiten y el proyecto vuelve periódicamente a ocupar titulares. Lo que todavía falta es transformar esa voluntad en decisiones institucionales que permitan avanzar sin nuevas dilaciones.
La reciente noticia de que Chile se comprometió a avanzar en la designación de sus representantes ante la Entidad Binacional Las Leñas (EBILEÑAS) abre una oportunidad que no debería desperdiciarse. Si el vecino país está dispuesto a completar ese paso, la Argentina tiene que hacer lo propio. No hay razones para que los representantes nacionales que faltan continúen pendientes mientras una obra de semejante importancia permanece atrapada en la burocracia.
Aquí corresponde una exigencia directa al Gobierno nacional. Las autoridades locales han impulsado gestiones para reactivar el organismo binacional, pero necesitan respuestas concretas de la Casa Rosada. Designar a los funcionarios pendientes, restablecer el funcionamiento de EBILEÑAS y habilitar la continuidad de los estudios técnicos no son gestos protocolares: son condiciones necesarias para que el proyecto pueda avanzar hacia una definición sobre su viabilidad y financiamiento.
También el Gobierno provincial debe sumarse al reclamo con la máxima firmeza. No alcanza con expresar apoyo, participar de algunas reuniones o enumerar las ventajas del paso. Es necesario establecer objetivos verificables, gestionar ante los organismos nacionales, coordinar con Chile y mantener informada a la comunidad sobre los avances y los obstáculos. La defensa de Las Leñas debe estar por encima de las conveniencias partidarias, de los tiempos electorales y del “lobby” del norte centralista.
La Cámara de Comercio, las entidades empresariales, las instituciones locales, los representantes políticos y los sectores que integran la Comisión Pro Paso Las Leñas han mantenido viva una demanda que excede a cualquier gobierno. Esa tarea merece acompañamiento, pero también respuestas. La sociedad sanrafaelina tiene derecho a saber qué falta, quién debe resolverlo y en qué plazos se pretende hacerlo.
Nadie supone que un túnel internacional de esta magnitud pueda construirse de un día para otro. Precisamente por eso resulta incomprensible seguir demorando los pasos institucionales que deben preceder a su concreción. Cada año perdido es una oportunidad que se posterga para el comercio, el turismo, la producción y el empleo de toda la región.
La cordillera no va a dejar de existir ni el Cristo Redentor perderá su importancia. San Rafael no pide un privilegio. Reclama una infraestructura estratégica para integrarse, producir y crecer. Después de décadas de proyectos y de un invierno que mostró con crudeza el costo de la incomunicación, ya no alcanza con reconocer la necesidad de Las Leñas.



